Encuentro virtual de lectores para pensar en voz alta.

viernes, 15 de diciembre de 2017

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 11 (2)

* El médico: “Yo podría ayudarte… ¿Ayudarme?... ¿Cómo?... ¿Cómo crees?... Ninguno de ellos sabría jamás que no es suyo… La mayoría de esos viejos no están en condiciones de hacerlo… O son estériles.”

El médico continúa saltándose las normas, y el lector tiene la intuición de que no se trata de un caso aislado, de que en la mayoría de las concepciones que se producen en Gilead, los Comandantes no tienen nada que ver.

Por otro lado, la ayuda no es la que Defred está esperando, la colaboración para escapar de la pesadilla, es más bien una mano al cuello que le propone perpetuarse en el papel de Criada.


* “… ha pronunciado la palabra prohibida: <estéril>. Ya no existe nada semejante a un hombre estéril, al menos oficialmente. Sólo hay mujeres fértiles y mujeres estériles, eso dice la ley.”

Me alegro de vivir en una sociedad donde la esterilidad puede ser un atributo tanto masculino como femenino. En esa voltereta mental que nos propone Margaret Atwood donde nos situamos en un futuro ¿cercano/lejano? con mucho regusto de directrices pretéritas, la esterilidad vuelve a ser achacable sólo a la mujer; esto ha ocurrido así desde que el mundo es mundo y por eso los varones han tenido ciertos privilegios como repudiar a una mujer cuando no le daba descendencia o bien tomar alguna otra esposa… Pues bien, machos del mundo (voy a sacar un poco de feminismo revanchista de la chistera), como mujer os digo que han existido muchos “médicos” que han ayudado a las féminas con la esterilidad de sus hombres; si concebir y parir se convierte en un asunto trascendental para que no varíe el statuo quo matrimonial, no nos debe de extrañar que cualquier mujer pusiera toda la carne en el asador y cometiera adulterio; si la pareja no se basa en el amor si no en la familia, aplaudo a todas ellas que supieron anteponer sus sentimientos a sus deberes como paridoras y madres… Precisamente a la que se repudiaba o relegaba porque no concebía, además de alguna estéril que también habría, pero seguro que se buscaba otros trucos para falsificar una supuesta maternidad… como iba diciendo, la desdeñada por estéril era la fiel esposa que no utilizaba los servicios de un semental.


* ”No debo dar la impresión de que estoy ofendida, sino abierta a su sugerencia… Podría falsear las pruebas, informar que sufro de cáncer, que no soy fértil, hacer que me envíen a las Colonias con las No Mujeres.”

El poder de unos sobre otros, el poder de quien comete el delito, en este caso insinuarse a una Criada haciéndole una proposición, no indecente, francamente ilegal según las rigideces normativas de Gilead; pero quien teme importunarle es la víctima. El que haya ciudadanos de primera y de segunda provoca este tipo de poder despótico, de ilusorio cumplimiento de las reglas, todo es artificial y postizo pues no se sustenta en la igualdad, la equidad, la justicia o el equilibrio, si no en la impunidad, la parcialidad, el dominio y la subordinación.


* “¿Por qué estoy tan asustada? No he traspasado ningún límite, no le he dado ninguna esperanza, no he corrido ningún riesgo, todo está a salvo. Es la decisión lo que me aterroriza. Una salida, una salvación.”

¿Realmente le acaban de facilitar a Defred una salida, una salvación? Entiendo que la gestación le permite dejar de participar en los rituales de apareamiento extraños (¿se pueden llamar de otra forma?) impuestos por la República. Sin embargo, ¿es una opción el quedarse embarazada y parir un hijo que será entregado a las Esposas para su crianza? No sé cual puede llegar a ser el nivel de desaliento de una persona para no concebir el futuro más allá del corto plazo. Imagino que la desesperación y la desesperanza, que no es lo mismo, aunque tengan la misma raíz y muchas veces nos las ofrezcan como sinónimos, lleva a rechazar toda perspectiva de futuro. No obstante, me parece un ejercicio muy acertado para seguir adelante: estando sumido en la negrura de un túnel, sin vislumbrar su fin, ¿qué mejor que plantearse dar el siguiente paso en la oscuridad evitando pensar en lo difícil que nos resultará alcanzar la salida.



 Defred debe decidir, y la decisión es lo que la espanta. Elegir, lo que hacemos los seres humanos a cada instante, lo más complicado y vital que realizamos. Optar equivale a dejar atrás otros caminos, otras alternativas, otras posibles vidas.

domingo, 10 de diciembre de 2017

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 11 (1)

* “Me llevan al médico una vez al mes, para someterme a diversas pruebas…igual que antes, sólo que ahora es obligatorio.”

Me ayudó esta frase a hacer una reflexión: lo que hace o deja de hacer la República de Gilead no es en si pernicioso, ir al médico a someterse a un chequeo médico no es un acto reprobable; lo que es abominable es la imposición de someterse a ese chequeo médico… Es decir, el examen y la fiscalización de nuestras acciones, incluso de las más cotidianas: hacerse un chequeo es lo que hace de este mundo distópico un mundo irrespirable… porque se empieza por conquistar pequeñas parcelas de la autonomía individual y se termina usurpando lo más íntimo que posee el ser humano: su libertad sexual.

Y todo ello me lleva a cavilar sobre este mundo que llaman liberal, y que creemos liberal, y el espacio que estamos dejando para el libre albedrío, todo regulado en aras de la libertad, todo dirigido en aras de la convivencia, en definitiva, todas las actuaciones humanas vigiladas, registradas, examinadas, verificadas… Parece una frase más, “someterse a diversas pruebas médicas que ahora son obligatorias” y que sin embargo hemos incorporado a nuestra normalidad social: empresas y aseguradoras exigen que uno se someta a pruebas médicas rutinarias y no estamos tan lejos de la República de Gilead, sólo que Defred ha caído en la cuenta de la diferencia entre sugerir y obligar, entre proponer e imponer; y nosotros ni siquiera somos conscientes del control al que estamos sometidos.


“Él no debe hablarme, salvo que sea absolutamente necesario; pero este médico es muy locuaz.”

Saltarse las normas… Siempre hay alguien, quizás una multitud, que se saltan las normas.


“Ahora les toca el turno a mis pechos, que son palpados en busca de señales de envejecimiento, podredumbre.”

Pechos…señales de envejecimiento, PODREDUMBRE…. Hay varias cosas en la vida que te dan idea del inexorable paso del tiempo: canas, arrugas y para las mujeres, por supuesto, los pechos caídos… Claro que hacerse viejo es más que eso y que no todos envejecemos con la misma facilidad, pero en el fondo todos nos pudrimos… ¡Qué acertado ese sustantivo, podredumbre, para recurrir al paso del tiempo! Putrefacción, cuerpo podrido, descomposición… Quizás si me apeteciera ser amable diría marchito en lugar de decrépito, pero el resultado es el mismo: envejecemos que es sinónimo de estropearse, consumirse, ajarse… si el cuerpo acompañara a la mente, la madurez y la vejez serían estadios fascinantes; la experiencia y las enseñanzas nos harían invencibles… pero la naturaleza es sabia y nos dota de nuestros mejores recursos físicos cuando aún no hemos adquirido las plenas facultades mentales para utilizarlos… así seguimos siendo simplemente humanos, frágiles, perecederos, efímeros, mortales…


Siempre me gusta recordar la frase de Ingmar Bergman: ”Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena” ¡Quiero seguir escalando hasta la cima!

jueves, 7 de diciembre de 2017

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 10 (3)

* “Por supuesto, en los periódicos aparecían noticias: cadáveres en las zanjas o en el bosque, mujeres asesinadas a palos o mutiladas, mancilladas, solían decir; pero eran noticias sobre otras mujeres, y los hombres que hacían semejantes cosas eran otros hombres.”

Noticias sobre otras mujeres y otros hombres; en nuestra burbuja siempre nos parece que “eso”, lo que sea, lo terrible, lo extraordinario, lo inusual, les pasa a otros y lo hacen otros… Y por ello, nos dejamos de sentir comunidad, enterrando la empatía a varios metros bajo tierra; no es el típico “salvar tu culo”, eso puede ser compresible: anteponer las necesidades y exigencias de cada uno a las del resto. Va más allá, es el no sentir a los demás, al resto, como parte integrante de nuestra realidad; son “otros”, extraños, raros, ajenos, inconcebibles… una realidad ignota para nosotros cuando a poco que escarbes descubres a otro ser humano movido por las mismas pasiones humanas que te mueven a ti y a los que te rodean.


* El Comandante “Tiene el cabello gris. Plateado debería decir para ser amable. Pero no tengo ganas de ser amable. El anterior era calvo, de modo que supongo que éste representa todo un progreso.”

Me gusta ese “Plateado debería decir para ser amable” porque es cierto que hay palabras que significando lo mismo suenan menos ofensivas: anciano frente a viejo, corpulento frente a gordo… En esta era del lenguaje políticamente correcto hay que esforzarse mucho por ser amable y así nos vemos llamando técnicos de residuos urbanos a los basureros; y yo me pregunto ¿qué tiene de malo la palabra “basurero”? ¿no se trata de una profesión muy digna y muy honrada? Entendería el sentirse ofendido por ser llamado ladrón o asesino, pero ¿basurero? ¿por qué alguien, dedicándose a la “gestión de residuos urbanos”, se siente vejado por ser llamado basurero? Pero esto no es nuevo, ya Víctor Hugo en “Los Miserables” (1862) dedica una larga parrafada al neolenguaje, admirándose de que al boticario se le llame farmacéutico.

Y hablando de neolenguas y hablando de distopías, no puedo por menos que recordar al Partido Único de 1984 que convierte la lengua en un medio de control de masas, en un arma ideológica… Y hay que estar atentos a las palabras que eligen periodistas, intelectuales y líderes mundiales para transmitirnos sus ideas: “migrantes” en lugar de “refugiados”, “tropas de paz” gran oxímoron, “ajuste del gasto” por “recortes”, “radical” como sinónimo de “fanático”, “populista” equivalente a “demagogo”… son matices, pequeñas variantes semánticas, apenas perceptibles, que nos llevan a modificar poco a poco nuestro pensamiento para describir la realidad que nos rodea, se instala en nuestros cerebros y nos convierte en pensantes minusválidos.

Para rematar esta frase y a modo de anécdota ¿supone un progreso tener una cabellera encanecida a ser calvo? Toda obra tiene una pizca de secretos del autor de la que no es consciente o ni siquiera querría revelar….



Y en este caso me causó simpatía descubrir que Margaret Atwood siente algo de animosidad por la alopecia o no, porque su cónyuge era calvo ya en la década de los 80, quizás se trate de una pequeña broma marital… en cualquier caso, resulta atrevido afirmar que es un progreso tener pelo a no tenerlo… y estoy pensando en Yul Brynner, en Zinedine Zidane, en Sinead O’Connor, en Ben Kingsley, en Ed Harris o en Sean Connery, personas que han lucido su falta de pelo más o menos voluntaria, más o menos evidente, más o menos temprana con gran gallardía.



* “Debería odiar a este hombre. Sé que debería, pero no es lo que siento. Lo que siento es más complicado. No sé cómo llamarlo. No es amor.”

Los sentimientos son tan difíciles de describir. Los sentimientos son tan particulares, tan íntimos, tan subjetivos que parece complicado definir alguno de una forma general ¿Qué es el odio? ¿Qué el amor o la ira? Defred no sabe describir los sentimientos que le inspira El Comandante. Lo que sabe es exponernos lo que no siente: no es odio ni es amor… y entre el odio y el amor, en toda la gradación de atracción y repulsión que nos pueda causar una persona, es donde situamos lo que Defred siente por él. ¿Qué fácil sería si algún día inventáramos una escala como la de la dureza de los minerales para describir las emociones humanas! ¡Cuántos malos entendidos entre parejas, amigos, familiares, evitaríamos! Hasta que no la tengamos, lo mejor que podremos hacer en nuestras relaciones es comunicarnos, diciendo y preguntando, y estar muy atento a lo que los silencios nos quieren decir… Para mí amar es reconocer al otro, reconocerlo íntimamente, anticipar lo que la otra persona quiere, no quiere, le gusta o le disgusta... seguro que para otras personas este “intento” de definición de amor es una auténtica tontería.

domingo, 3 de diciembre de 2017

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 10 (2)

* “Hacer caso omiso no es lo mismo que ignorar, hay que esforzarse para ello.”

Y al llegar aquí me acuerdo de la canción de Alejandro Sanz “No es lo mismo” que en algunas ocasiones juega con esos pequeños matices y en otras hace juegos de mgia con las palabras

“No es lo mismo ser que estar
No es lo mismo estar que quedarse, ¡qué va!
Tampoco quedarse es igual que parar
No es lo mismo”

“No es lo mismo basta o bastar
Ni es lo mismo, decir, opinar, imponer o mandar
Las listas negras, las manos blancas verás
No es lo mismo
No gana el que tiene más ganas, no sé si me explico”

Pero es verdad, no es lo mismo “ignorar” que puede significar desconocimiento que “hacer caso omiso”, que según el diccionario, el de la Real Academia Española de la Lengua, es “prescindir de algo o no tenerlo en cuenta” lo que implica que ese algo se conoce… efectivamente, para hacer caso omiso hay que esforzarse.


* “Nada cambia en un instante: en una bañera en la que el agua se calienta poco a poco, uno podría morir hervido sin tiempo de darse cuenta siquiera.”

La primera vez que tuve noción de este concepto, de que un ser vivo podría morir hervido sin darse cuenta si el agua se calentaba poco a poco, fue leyendo la fábula de Olivier Clerc “La rana que no sabía que estaba hervida”

Imaginen una cazuela llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana. Se está calentando la cazuela a fuego lento.
Al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana esto le parece agradable, y sigue nadando.
La temperatura empieza a subir. Ahora el agua está caliente. Un poco más de lo que suele gustarle a la rana. Pero ella no se inquieta y además el calor siempre le produce algo de fatiga y somnolencia.
Ahora el agua está caliente de verdad. A la rana empieza a parecerle desagradable. Lo malo es que se encuentra sin fuerzas, así que se limita a aguantar y no hace nada más.
Así, la temperatura del agua sigue subiendo poco a poco, nunca de una manera acelerada, hasta el momento en que la rana acaba hervida y muere sin haber realizado el menor esfuerzo para salir de la cazuela.
Si la hubiéramos sumergido de golpe en un recipiente con el agua a cincuenta grados, ella se habría puesto a salvo de un enérgico salto.

Esta fábula está recogida en el libro ““La rana que no sabía que estaba hervida… y otras lecciones de vida” de 2005 así que de nuevo veo a Atwood como una pionera de una especie de pensamiento social que no despertará hasta principios del siglo XXI ¿Quién sabe? Quizás su papel de activista ecologista le hiciera plantearse mucho antes que los demás la falta de conciencia en la Humanidad que nos iba cociendo poco a poco, porque la moraleja de la fábula, al final, viene a ser ¡conciencia o cocción!

La alegoría está basada en una Ley de la Física: si la velocidad de calentamiento de la temperatura del agua es menor de 0,02º/minuto, la rana se queda quieta y muere al final de la cocción; mientras que, a mayor velocidad de calentamiento, la rana saltaría y escaparía… ya sabemos que a la “gente de ciencias” les gustan los datos exactos y empíricos.

Desde que escuché esta narración he intentado estar muy atenta a no “dejarme cocer” social, política, humanamente… No quedarme en la zona de confort porque cuestionarse el mundo, el entorno, los paradigmas establecidos es tan descabellado y dificultoso…

Una vez conocí a un tipo que me dijo que tenía complejo de salmón, siempre nadando  a contracorriente, y la verdad es que no puedo estar más de acuerdo con él, pero lo más sorprendente y maravilloso de todo es que somos millones de salmones regresando al río… no sé si estamos equivocados, mucho o poco, o si estamos en posesión de la verdad, que, a decir, verdad, ni siquiera creo que exista, la verdad absoluta. Lo que sí sé a ciencia cierta es que es preferible ser salmón y luchar con convicción por tus convicciones, a dejarte escaldar cual rana por no razonar… cuando escriba sobre el dinero en efectivo, si aún seguís por aquí, descubriréis lo que significa no acoplarse a los tres o cuatro eslóganes que nos sueltan desde la tribuna política o los medios de comunicación… y siempre me gusta terminar este tipo de pensamientos con el corolario de Anatole France: “Una necedad repetida por treinta y seis millones de bocas, no deja de ser una necedad”. Todo es cuestionable y eso es lo que nos hace hombres; que algún antepasado se cuestionara que era imposible volar o comunicarse sin cables o dominar el fuego… Cuestionar: poner en duda lo afirmado por alguien es lo que ha hecho a la raza humana progresar; cuestionar es pensamiento, es mejora, es evolución, es perfeccionamiento… si quieren medio-hombres no pensantes, obedientes, dóciles, subordinados al poder y resignados con la realidad, desde luego que deberán de quemar la fábula de Clerc y plantearse un exterminio de salmones que nadamos a contracorriente.