La Ladrona de Frases

Encuentro virtual de lectores para pensar en voz alta.

domingo, 18 de febrero de 2018

VI. LA FAMILIA: CAPÍTULO 16 (1)


* “La Ceremonia prosigue como de costumbre. Me tiendo de espaldas, completamente vestida, a excepción de las higiénicas bragas blancas de algodón... Detrás de mí... está Serena Joy... Permanece con las piernas abiertas y entre éstas me encuentro yo, con la cabeza apoyada en su vientre y la base del cráneo sobre su pubis, mientras sus muslos flanquean mi cuerpo. Ella también está completamente vestida.”

Y aquí llega la Ceremonia o lo que yo llamo “rituales extraños de apareamiento”. La Esposa abre las piernas para que la Criada se acomode entre ellas; la cabeza de la Criada sobre el vientre de la Esposa. Ambas mujeres completamente vestidas, sólo faltan las bragas de la Criada. Forman un único cuerpo alargado donde zona pélvica y cerebro se superponen.



* “Tengo la falda recogida... El Comandante está follando... No digo haciendo el amor, porque no se trata de eso. Copular tampoco... ya que supone la participación de dos personas... Pero tampoco es una violación: no ocurre nada que yo no haya aceptado. No había muchas posibilidades, pero sí algunas, y ésta es la que yo elegí.”

Magnífica elección de palabras. El Comandante folla, es decir, “practica el coito”. Margaret Atwood distingue fantásticamente bien entre follar y hacer el amor, que requiere de la intención de las dos personas de mantener un encuentro sexual donde, al menos a priori, se busca la satisfacción de ambos; también puntualiza que no es una violación ya que Defred ha dado su aquiescencia a participar en la Ceremonia: violar requiere negativa y no consentimiento.

Es importante que la autora nos describa “objetivamente”, aunque sea bajo el prisma de Defred, qué supone la Ceremonia: un hombre apareándose con una mujer mientras que otra mira, pero sin que ninguna de las dos se haya opuesto a ese extraño rito.

Defred no es forzada, al menos, no es forzada físicamente. Y leyendo esto no cabe más que preguntarse hasta qué punto, cuando no hay alternativa, el consentimiento de una mujer no es condición sine qua non para no denominar violación a algo que a todas luces lo es. ¿No es violación el hecho de que Defred no quiera participar y no tenga otra opción que hacerlo? Que la opción a no ser violada sea la muerte (las Colonias, que equivalen a la muerte). Violar, según el diccionario, es: "Tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad o cuando se halla privado de sentido o discernimiento.” ¿No es una privación del sentido situarte entre la espada y la pared de vivir y dejarte montar o morir en medio de la desolación tóxica de las Colonias?

Me parece que todos tenemos claro en nuestro imaginario qué es una violación y qué no y, sin embargo, a nivel penal o simplemente legal, tendemos a estrechar el delito de violación… quizás deberíamos revisar el concepto para que ninguna persona, sea hombre o mujer, tenga dudas a la hora de mantener relaciones sexuales acerca de si ha sido violentada, de si era irreprochablemente libre a la hora de consentir dichas relaciones… lo demás seguirá siendo una tierra de nadie en la que algunos se sentirán violados y los violadores quedarán impunes.

jueves, 15 de febrero de 2018

VI. LA FAMILIA: CAPÍTULO 15 (4)

* "... los relatos de costumbre... Creced y multiplicaos y poblad la Tierra. Después viene esa tontería de Raquel y Lía... <Dame hijos, o moriré... He aquí a mi sierva Bilhá. Ella parirá sobre mis rodillas, y así también yo tendré hijos suyos.>"

Creo conveniente recordar brevemente este pasaje bíblico: Jacob quería casarse con Raquel, pero antes de tomarla por esposa, tuvo que casarse con su hermana mayor, Lea (en español). Lea tiene cuatro hijos y Raquel no podía concebir; entonces ofreció a su marido a su sirvienta, Bilhá, con la que tuvo dos hijos; Lea también ofrece a Jacob a su sierva, Zilpa, con la que tiene dos hijos más, además de otros dos de Lea… y finalmente Raquel tuvo dos hijos… y estos son sólo los varones, 12 hijos con 4 mujeres diferentes.

Hay una idea en este fragmento: los hijos de las sirvientas o siervas de una mujer se consideran hijos de esa mujer… Cuando Bilhá para (asistida por Raquel), se considerará que Raquel da hijos a Jacob… Y retorcidamente esto fue lo que utilizó la República de Gilead para solventar el problema de fertilidad de la clase dominante.

Y en un giro de verdadero mimetismo, decidieron llamar a estos vientres de alquiler forzosos “Criadas”: sirvienta, sierva, criada…


* "<Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados> Nadie decía cuándo."

Qué gran verdad: los que lloran, serán consolados pero para una persona desesperada y triste el cuándo es importante.


* “Serena se ha echado a llorar... Lo hace todas las noches en que se celebra la Ceremonia. Intenta no hacer ruido. Intenta conservar la dignidad delante de nosotros... Cómo debe de odiarme, pienso.”

Serena, la gran Serena Joy, la que estimuló este sistema, llora… y precisamente llora cuando llega la Ceremonia que es algo así como el cénit de su régimen teocrático.

Ya hemos intuido que las Esposas no están precisamente felices con este sistema: por un lado tienen que compartir a sus maridos en algo tan íntimo como el acto de procrear. Que digo yo, ¿no contarán con medios técnicos para inseminar sin necesidad de que exista el contacto físico? Ah, no, que seguro que han luchado contra la ciencia por considerar todas estas elaboraciones antinaturales… ¿Qué es más antinatural: la inseminación artificial o la inseminación forzada que podemos concluir que es una violación para las Criadas?

Pero es que, además, a las Esposas se les recuerda con estos actos “su fracaso” como mujeres. Según sus dogmas hay que “crecer y multiplicarse”, el papel de la mujer se circunscribe al ámbito doméstico y, de repente, ellas no consiguen concebir… No, no es fracaso lo que deben sentir, estará más cercano a la vacuidad.

Por último, me atrae sobremanera el intentar enmascarar su tristeza o rabia o lo que sea que provoque ese llanto. Ella sabe que llorar en la Ceremonia le hace perder su dignidad, hace que su “alto” puesto sea cuestionado.


* “Rezo en silencio: Nolite te bastardes carborundorum... tendrá que servir porque no sé qué otra cosa puedo decirle a Dios.”

Nolite te bastardes carborundorum, el mantra de Defred que convierte en oración… ella no sabe qué otra cosa decirle a Dios y, sin querer y sin saber, hace la mayor plegaria que se me puede ocurrir en su situación: Dios mío, no permitas que me machaquen, no me rendiré.


* “Moira no estaba en condiciones de caminar... estuvo una semana sin andar... a la primera infracción, se empleaban a fondo en los pies... Después le tocaba el turno a las manos... decía Tía Lydia, vuestros pies y vuestras manos no son esenciales para nuestros propósitos.”

Las Criadas no son vistas como seres humanos, son más bien mercaderías, bienes intercambiables, y ciertas partes pueden ser prescindibles: los pies y las manos no son esenciales, no forman parte de la esencia de las Criadas, de lo más importante y característico de ellas: su capacidad de concepción.

domingo, 11 de febrero de 2018

VI. LA FAMILIA: CAPÍTULO 15 (3)

* “No me extrañaría que debajo de su dura corteza exterior se ocultara un ser tierno. Pero esto sólo es la expresión de un deseo. He estado observándolo un tiempo y no ha dado señales de debilidad.”

Comparar ternura y debilidad no sé si es adecuado. La debilidad tiene una connotación negativa (falta de vigor o fuerza física, carencia de energía) que no concuerda con la ternura: afecto, cariño, amabilidad, dulzura… En fin…

Curioso como Defred es capaz de descubrir que proyecta los deseos de cómo quisiera que fuera una persona. Esto, yo creo, que nos ha pasado a todos alguna vez, pero yo, al menos, no he sido tan perspicaz de distinguir entre mis pensamientos proyectados y la realidad. Vemos al otro no como es, si no como nos gustaría que fuera.


* “Él tiene algo de lo que nosotros carecemos: tiene la palabra. Cómo la malgastábamos en otros tiempos.”

Un par de apuntes: “(Él) tiene la palabra” que no es que sea el único con potestad para hablar, leer, escribir, todo lo relacionado con la palabra… sólo tiene un único atributo intransferible: la interpretación del mensaje. Cuando oímos o leemos un mensaje, todos deberíamos de tener presente que hay una “intención” comunicativa, hay un propósito o finalidad que motiva al emisor; el emisor puede querer contar o informar, pero también persuadir, convencer, disculpar, difamar, mentir.

Además, termina afirmando que antes “malgastaban la palabra”… podría ser que antes fueran muy charlatanas (en su acepción de hablar mucho y sin sustancia) pero realmente a mi me gusta interpretar esta frase como que antes tenían la capacidad de pensar y de interpretar la realidad y no la utilizaban correctamente. Esto es, no es que malgastaran la palabra si no malgastaban el tener pensamiento crítico sobre el mensaje.

Internet nos dio una ventana al mundo en el que todos podíamos consultar de todo; existe un maravilloso instrumento que es la Wikipedia que compila casi todo el conocimiento humano en un solo click… Ya hace tiempo que me empecé a preguntar qué ocurriría cuando todo estuviese en internet y no tuviésemos la fuente para su consulta ¿no sería este conocimiento manipulable? Yo pertenezco a una generación que nació sin La red, acostumbrada a consultar en libros y a contrastar entre varias publicaciones… volveré sobre ello cuando hablemos del trabajo que tenía Defred, pero me gustaría gritarle al mundo que por mucho que molen la nube y los bancos de datos, nunca dejemos de utilizar soportes que dependan y controlemos nosotros mismos: el papel, una cinta de vídeo, una casete, o incluso nuestros propios USB… soy muy paranoica de lo que puede hacer el poder para dirigir a las masas… supongo que por eso me gustan las distopías, me obligan a estar siempre alerta sobre los peligros de cerrar los ojos.


jueves, 8 de febrero de 2018

VI. LA FAMILIA: CAPÍTULO 15 (2)

* “Un hombre al que observan varias mujeres. Debe de sentir algo muy extraño... ¿qué sería de nosotras si él se quebrara o muriera?”

La figura del hombre como pilar de la casa. Sin él, las mujeres de la casa no tendrían sentido. Es, posiblemente, la descripción más corta y más acertada de machismo: una mujer sin un hombre no existe, no tiene capacidad jurídica ni económica.

Cuando pienso en todos los frentes que aún tenemos abiertos las mujeres, siempre hago hincapié en leyes e igualdad de oportunidades (educación, acceso al mundo laboral, equiparación de salarios). 
De acuerdo que las actitudes, los usos y costumbres, el lenguaje, etc… hace mucho daño a que seamos vistas como equivalentes, pero todo ello incomoda no imposibilita; sin una legislación que proteja a la mujer frente a abusos, no lograremos nuestro objetivo. Creo tanto en ello, que el principal hito feminista lo establezco en el derecho a voto: si las mujeres pueden votar, elegirán a representantes que legislen a favor de ellas; sin ese derecho al voto, estaríamos a merced de la compasión de los legisladores que podrían empatizar más o menos con nuestras dificultades y conflictos. Agradezco a todos los movimientos sufragistas de finales del siglo XIX y principios del XX que lucharon por el voto femenino: no lucharon por quitarse los miriñaques ni los corsés, sabían que eso vendría por añadidura; lo importante era participar en las decisiones, lo que sólo se lograría votando.

Como paradigma del sufragio femenino, me gustaría recordar al movimiento transversal del Reino Unido, que aniquiló diferencias entre clases sociales, regiones, edades, posiciones políticas; una corriente que aglutinó a las mujeres británicas, y que el 21 de junio de 1908 realizó un tour de force con una manifestación multitudinaria (250.000 mujeres) donde se exigió la tramitación urgente de una ley que posibilitara el voto femenino. Tardaron diez años en conseguir que votaran las mujeres mayores de 30 años (1918) y otros diez (1928) en igualar la edad a la que podían votar con la de los hombres, a los 21 años.

Emmeline Pankhurst

Además, las mujeres tenemos mucho que agradecer a las dos Guerras Mundiales en equiparación de derechos: el que los hombres fueran al frente posibilitó la incorporación de las mujeres a trabajos y tareas vetados hasta entonces; la alta mortalidad de los conflictos, principalmente entre hombres jóvenes, hizo que no se pudiese prescindir de las mismas durante las posguerras. Con la mujer accediendo masivamente a toda clase de oficios y responsabilidades, era imparable el aceptar sus reivindicaciones respecto al voto.

También hay que reconocer la contribución del comunismo. Aunque se puede extrapolar que Lenin consideraba el feminismo como una distracción para las mujeres respecto a la lucha de clases, es innegable que en el ideario comunista se encontraba la plena igualdad social de la mujer como principio indiscutible. Inessa Armand lo resumió extraordinariamente: “Si la liberación de la mujer es impensable sin el comunismo, el comunismo es también impensable sin la liberación de la mujer”.

Hago un inciso para resaltar que hoy en día principios del siglo XXI (año 2018) aún existen países donde las mujeres no tienen derecho al voto, por ejemplo, en Arabia Saudí, las mujeres pudieron votar por primera vez, y sólo en elecciones locales, en 2015. Pero no sólo eso, aún existen países donde la diferencia en la aplicación de la legislación es evidente, especialmente en ciertos países musulmanes donde se maneja una sharia fundamentalista en la que la desobediencia de las mujeres hacia la autoridad del padre, esposo o hermano supone una falta grave (hadd) que puede ser castigada con penas como los azotes o la lapidación. En Maldivas, en 2013, una adolescente de 15 años fue condenada a recibir 100 latigazos y a permanecer en arresto domiciliario durante 8 meses por haber tenido relaciones sexuales antes del matrimonio: su padrastro la había estado violando sistemáticamente, la dejó embarazada y, tras dar a luz, mató al bebé.


Mucho camino por recorrer todavía, querida Clara…


domingo, 4 de febrero de 2018

VI. LA FAMILIA: CAPÍTULO 15 (1)

“El Comandante golpea a la puerta. La llamada es obligatoria: se supone que la sala es territorio de Serena Joy, y que él debe pedir permiso para entrar. A ella le gusta hacerlo esperar. Es un detalle insignificante, pero en esta casa los detalles insignificantes tienen mucha importancia.”

Las estancias de una casa se reparten, no se comparten; y que en una República patriarcal, la mujer haga esperar al hombre para acceder a su territorio, viene a reforzar la idea de que esa zona es suya.

Hacer esperar es una demostración de poder y Serena Joy lo suele emplear, no sólo con su esposo. También nos lo ha hecho notar Defred en su llegada: “Quería que me diera cuenta de que no podía acceder a la casa si ella no me lo indicaba.” Una persona como Serena, acostumbrada al mando, debe sobrellevar infinitamente mal esa pérdida de autoridad que la relega a un papel secundario en el nuevo orden, por lo que esos gestos se transforman en un clavo ardiendo al que agarrarse: sigo imponiendo, sigo exigiendo, sigo obligando… aunque en este caso se circunscribe a sigo siendo yo la que decide quién entra y quién no y cuándo entra… ¡Qué tristeza el verla así por mucha alegría que a ella le causen esos rituales de acceso!


* “... sus ojos azules y reservados, falsamente inofensivos. Nos repasa... como si hiciera el inventario: una mujer de rojo, arrodillada; una, de azul, sentada; dos de verde de pie; un hombre solo... al fondo... Como si fuéramos algo que ha heredado... y no supiera qué hacer con nosotros. Ni para qué servimos.”

El Comandante hace inventario de su ajuar humano y ¡cuidado! Porque si hasta entonces ya hemos intuido que Defred es cosificada, en estas líneas Margaret Atwood nos descubre que el sistema deshumaniza a las personas, a todas las personas, sean mujeres, sean Esposas o Marthas… e incluso a los hombres, pues allí, en el catálogo de humanos “pertenecientes” al Comandante, se encuentra Nick.

* “La Biblia está guardada bajo llave... ¿quién sabe qué haríamos con ella si alguna vez le pusiéramos las manos encima? Él nos la puede leer, pero a nosotros nos está prohibido... vamos a escuchar un cuento antes de irnos a dormir.”

Un par de ideas: La Biblia guardada bajo llave porque hay que preservarla ¿de qué? ¿de malas interpretaciones? ¿de actos vandálicos? Es curioso porque el valor de la Biblia, ya que si requiere protección es porque es un objeto valioso, puede indicarnos que lo preciado de la misma es que su significado: sólo el Comandante puede leerla.




Van a escuchar un cuento… ¿Sólo a mí me ha pasado o cualquiera, en algún momento, ha pensado que la Biblia (y otros textos religiosos) no es más que un cuento? La idea de cuento tiene una noción de ficción, de mito y leyenda, de invención…Y creo que ese es uno de los principales inconvenientes de las religiones, el no sabernos vender los textos sagrados como fábulas, como alegorías. Los que interpretan la Biblia (y otros textos religiosos) nos intentan vender la literalidad de la misma, sin darse cuenta de que, más tarde o más temprano, nuestro raciocinio la cuestionará. Es mejor y más correcto advertir desde el primer momento que se trata de un relato hermenéutico. Entonces la estudiaríamos en lugar de rechazarla.

jueves, 1 de febrero de 2018

VI. LA FAMILIA: CAPÍTULO 14 (4)

* “No nos llevamos casi nada, no queremos dar la impresión de que nos vamos a algún lugar lejano o de forma permanente.”

Planificando la huida. Guardo muy vívidamente estos pasajes, por si algún día tengo que escapar: hay que ir ligero de equipaje, para que no se sospeche que no regresaras ¿Cómo elegir cuando vas a dejar toda tu vida atrás lo poco que te quepa en una bolsa no muy grande, quizás simplemente en los bolsillos de un abrigo?


* “No se puede esperar que un niño resulte convincente mintiendo.”

Los niños no pueden mentir. Si un niño miente es que no sabe que está mintiendo, simplemente nos está contando una realidad alternativa. La mentira requiere engaño que es falta de verdad. Los niños no enmascaran o distorsionan la verdad: ven y te cuentan otra verdad inventada. Parece lo mismo, pero no lo es. La diferencia está en la intención… Por supuesto que a cierta edad y precisamente bastante temprana, los niños ya si son capaces de enmascarar la verdad sabiendo que lo que van a narrar no es otra verdad si no una mentira, y no ocurre con muchos años. Es curioso ver esa transformación que es cuando aparece la malicia, que tiene muchas acepciones (no todas con connotaciones negativas) pero que aquí quiero emplear como “intención oculta con que se dice o se hace algo para beneficio propio o perjuicio ajeno”.



¿Cómo podía la hija de Defred mentir convincentemente si no estaba vislumbrando la “otra” verdad que le planteaban y no conocía los beneficios que le reportaba ese otro relato?






* "me siento: blanca, aplastada, delgada. Transparente... ¿cómo haré para ayudar a Luke y la niña si estoy tan aplastada, tan blanca?”

“Blanca, aplastada, delgada” como una hoja de papel… ¿Transparente? Chapeau… que grande describir la falta de fortaleza con estos cuatro adjetivos que no se asocian con el aguante y la potencia… quizás “aplastada y delgada”… puedo admitir que “transparente” nos lleve a translúcido y que lo que se nos viene a la mente es algo frágil pero ¿blanca? “Sentirse blanca” -que esa es otra, ¿cómo diantres se siente uno blanco?- ¿significa falta de energía y determinación? Pues sí, leyendo estas palabras, he sentido exactamente lo que siente Defred, su debilidad, su flojera, su flaqueza, su languidez, su desfallecimiento.


* “Incluso el que cante me preocupa. Nos advirtieron que no debemos mostrarnos demasiado alegres.”

La alegría delata que no se pertenece a la República de Gilead. No hay que mostrarse “demasiado alegres”. Falta de alegría significa falta de esperanza; la diferencia entre vivir y sobrevivir.

domingo, 28 de enero de 2018

VI. LA FAMILIA: CAPÍTULO 14 (3)

* “Mi nombre no es Defred, sino otro, un nombre que ahora nadie menciona porque está prohibido... Guardo este nombre como un secreto, como un tesoro que desenterraré algún día.”

Hasta que leí “El Cuento de la Criada” no había reparado en la importancia del nombre y eso que echando mano de las películas podía haber caído mucho antes… Películas sobre la esclavitud en Estados Unidos donde los amos blancos eligen el nombre de “sus mercancías” o bien esas películas que reviven campos de concentración en los que los recluidos no tienen nombre sino números tatuados en los brazos… Y una idea lleva a otra; lo que significa poner nombre: “te llamaré Viernes” porque necesitamos llamar a otro ser humano por algún nombre que le haga único e irrepetible para nosotros… ¿otro ser humano? Pero si en “Náufrago”, Viernes se convierte en una pelota a la que el protagonista llama “Wilson” dotándola así de humanidad… He ahí la importancia del nombre.



A mediados del año pasado llegó un gato a mi jardín; dudaba de si era un gato de algún vecino que simplemente venía a cotillear y jugar con los míos. Tras un par de días en los que aparecía y desaparecía, le cogí, me di cuenta de que estaba acostumbrado al trato humano y posiblemente había sido abandonado; desde luego no existía un dueño cercano según demostraba lo famélico que estaba y todas sus heridas. Le puse nombre, “Brownie”, y desde ese momento supe que era “mi” gato… si es que un gato puede pertenecer a una persona.

Así que sí, el nombre es importante, pero aún debe ser más importante que no te cambien el nombre, ni siquiera con diminutivos o transformaciones que tú no admitas. Yo soy Pilar y no Mari Pili, ni Piluca, ni Pilarcilla, ni ninguna otra cosa que se le parezca. Y no soy Pilar para todo el mundo, porque también pasa que cada persona te llama de una forma especial y si tú lo toleras, incluso se convierte en un vínculo singular: mi hermana me llama “la Pili”, unos amigos “Pilarín”, mi tía “Pipi”… si cualquiera me llamara así, torcería el morro, pero a ellos se lo consiento; no es transigencia, es un guiño excepcional a una relación de cariño. Ya no hablo de diminutivos cariñosos porque daría para escribir un tratado, sobre cómo nos llama y nos dejamos llamar por cada persona… y lo que eso representa.


Defred guarda su nombre como un tesoro, tan oculto que ni siquiera nosotros lo llegamos a descubrir en toda la novela, pero Margaret Atwood ya nos dice que Defred no es ella, que estamos viendo sólo una parte de ella, que hay cosas que nunca descubriremos: secreto, tesoro por desenterrar, el misterio, la incógnita, el enigma, lo desconocido.