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jueves, 8 de febrero de 2018

VI. LA FAMILIA: CAPÍTULO 15 (2)

* “Un hombre al que observan varias mujeres. Debe de sentir algo muy extraño... ¿qué sería de nosotras si él se quebrara o muriera?”

La figura del hombre como pilar de la casa. Sin él, las mujeres de la casa no tendrían sentido. Es, posiblemente, la descripción más corta y más acertada de machismo: una mujer sin un hombre no existe, no tiene capacidad jurídica ni económica.

Cuando pienso en todos los frentes que aún tenemos abiertos las mujeres, siempre hago hincapié en leyes e igualdad de oportunidades (educación, acceso al mundo laboral, equiparación de salarios). 
De acuerdo que las actitudes, los usos y costumbres, el lenguaje, etc… hace mucho daño a que seamos vistas como equivalentes, pero todo ello incomoda no imposibilita; sin una legislación que proteja a la mujer frente a abusos, no lograremos nuestro objetivo. Creo tanto en ello, que el principal hito feminista lo establezco en el derecho a voto: si las mujeres pueden votar, elegirán a representantes que legislen a favor de ellas; sin ese derecho al voto, estaríamos a merced de la compasión de los legisladores que podrían empatizar más o menos con nuestras dificultades y conflictos. Agradezco a todos los movimientos sufragistas de finales del siglo XIX y principios del XX que lucharon por el voto femenino: no lucharon por quitarse los miriñaques ni los corsés, sabían que eso vendría por añadidura; lo importante era participar en las decisiones, lo que sólo se lograría votando.

Como paradigma del sufragio femenino, me gustaría recordar al movimiento transversal del Reino Unido, que aniquiló diferencias entre clases sociales, regiones, edades, posiciones políticas; una corriente que aglutinó a las mujeres británicas, y que el 21 de junio de 1908 realizó un tour de force con una manifestación multitudinaria (250.000 mujeres) donde se exigió la tramitación urgente de una ley que posibilitara el voto femenino. Tardaron diez años en conseguir que votaran las mujeres mayores de 30 años (1918) y otros diez (1928) en igualar la edad a la que podían votar con la de los hombres, a los 21 años.

Emmeline Pankhurst

Además, las mujeres tenemos mucho que agradecer a las dos Guerras Mundiales en equiparación de derechos: el que los hombres fueran al frente posibilitó la incorporación de las mujeres a trabajos y tareas vetados hasta entonces; la alta mortalidad de los conflictos, principalmente entre hombres jóvenes, hizo que no se pudiese prescindir de las mismas durante las posguerras. Con la mujer accediendo masivamente a toda clase de oficios y responsabilidades, era imparable el aceptar sus reivindicaciones respecto al voto.

También hay que reconocer la contribución del comunismo. Aunque se puede extrapolar que Lenin consideraba el feminismo como una distracción para las mujeres respecto a la lucha de clases, es innegable que en el ideario comunista se encontraba la plena igualdad social de la mujer como principio indiscutible. Inessa Armand lo resumió extraordinariamente: “Si la liberación de la mujer es impensable sin el comunismo, el comunismo es también impensable sin la liberación de la mujer”.

Hago un inciso para resaltar que hoy en día principios del siglo XXI (año 2018) aún existen países donde las mujeres no tienen derecho al voto, por ejemplo, en Arabia Saudí, las mujeres pudieron votar por primera vez, y sólo en elecciones locales, en 2015. Pero no sólo eso, aún existen países donde la diferencia en la aplicación de la legislación es evidente, especialmente en ciertos países musulmanes donde se maneja una sharia fundamentalista en la que la desobediencia de las mujeres hacia la autoridad del padre, esposo o hermano supone una falta grave (hadd) que puede ser castigada con penas como los azotes o la lapidación. En Maldivas, en 2013, una adolescente de 15 años fue condenada a recibir 100 latigazos y a permanecer en arresto domiciliario durante 8 meses por haber tenido relaciones sexuales antes del matrimonio: su padrastro la había estado violando sistemáticamente, la dejó embarazada y, tras dar a luz, mató al bebé.


Mucho camino por recorrer todavía, querida Clara…


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