Encuentro virtual de lectores para pensar en voz alta.

domingo, 28 de enero de 2018

VI. LA FAMILIA: CAPÍTULO 14 (3)

* “Mi nombre no es Defred, sino otro, un nombre que ahora nadie menciona porque está prohibido... Guardo este nombre como un secreto, como un tesoro que desenterraré algún día.”

Hasta que leí “El Cuento de la Criada” no había reparado en la importancia del nombre y eso que echando mano de las películas podía haber caído mucho antes… Películas sobre la esclavitud en Estados Unidos donde los amos blancos eligen el nombre de “sus mercancías” o bien esas películas que reviven campos de concentración en los que los recluidos no tienen nombre sino números tatuados en los brazos… Y una idea lleva a otra; lo que significa poner nombre: “te llamaré Viernes” porque necesitamos llamar a otro ser humano por algún nombre que le haga único e irrepetible para nosotros… ¿otro ser humano? Pero si en “Náufrago”, Viernes se convierte en una pelota a la que el protagonista llama “Wilson” dotándola así de humanidad… He ahí la importancia del nombre.



A mediados del año pasado llegó un gato a mi jardín; dudaba de si era un gato de algún vecino que simplemente venía a cotillear y jugar con los míos. Tras un par de días en los que aparecía y desaparecía, le cogí, me di cuenta de que estaba acostumbrado al trato humano y posiblemente había sido abandonado; desde luego no existía un dueño cercano según demostraba lo famélico que estaba y todas sus heridas. Le puse nombre, “Brownie”, y desde ese momento supe que era “mi” gato… si es que un gato puede pertenecer a una persona.

Así que sí, el nombre es importante, pero aún debe ser más importante que no te cambien el nombre, ni siquiera con diminutivos o transformaciones que tú no admitas. Yo soy Pilar y no Mari Pili, ni Piluca, ni Pilarcilla, ni ninguna otra cosa que se le parezca. Y no soy Pilar para todo el mundo, porque también pasa que cada persona te llama de una forma especial y si tú lo toleras, incluso se convierte en un vínculo singular: mi hermana me llama “la Pili”, unos amigos “Pilarín”, mi tía “Pipi”… si cualquiera me llamara así, torcería el morro, pero a ellos se lo consiento; no es transigencia, es un guiño excepcional a una relación de cariño. Ya no hablo de diminutivos cariñosos porque daría para escribir un tratado, sobre cómo nos llama y nos dejamos llamar por cada persona… y lo que eso representa.


Defred guarda su nombre como un tesoro, tan oculto que ni siquiera nosotros lo llegamos a descubrir en toda la novela, pero Margaret Atwood ya nos dice que Defred no es ella, que estamos viendo sólo una parte de ella, que hay cosas que nunca descubriremos: secreto, tesoro por desenterrar, el misterio, la incógnita, el enigma, lo desconocido.

jueves, 25 de enero de 2018

VI. LA FAMILIA: CAPÍTULO 14 (2)

* “Me gustaría robar algo de esta habitación...y esconderlo en mi habitación,… De vez en cuando lo sacaría para mirarlo. Me daría la sensación de que tengo poder.”

Qué simple resulta tener sensación de poder: mirar un objeto robado… creo que realmente el poder no es mirar el objeto si no robarlo y que permanezca en su poder ¡Cómo cambia tener poder y tener en su poder, y apenas se introduce una preposición!

Ellos le han quitado algo y a cambio Defred sólo desea arrebatarles cualquier cosa y guardarla y de vez cuando mirarla, sería su tesoro.


* “Esto es lo bueno de las veladas de la Ceremonia: que me permiten escuchar las noticias. Es como si en esta casa hubiera una regla tácita: nosotros siempre llegamos puntuales, él siempre llega tarde, y Serena siempre nos deja ver las noticias... ¿quién sabe si algo de esto es verdad? Podría tratarse de noticias antiguas, o una falsificación. Pero de todos modos las escucho, con la esperanza de leer entre líneas... Ellos sólo nos muestran las victorias, nunca las derrotas.”

Estas seis líneas encierran todo un discurso muy actual hoy en día que está tan en boga la posverdad.

La Real Academia de la Lengua recogió en la última edición digital del 2017 el término “posverdad” (así, sin “t” intercalada, lo cual detesto) y la definió como “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales.”

Pero vayamos por partes. Primero aparece el término de “Ceremonia” que aún no sabemos lo que es, pero ya nos introduce en el campo semántico de ritual, culto, celebración importante. Hay incluso un ritual sobre el ritual: él, el Comandante, siempre llega tarde y Serena, mientras tanto, permite ver las noticias. Recuerda al costumbrismo de acudir a la Iglesia los domingos de mediados del siglo veinte: la familia con sus mejores galas y después de la misa, distribuidos por grupos de edad para tomar el aperitivo o dar un paseo por el pueblo/ciudad. Normalmente tendemos a ritualizar adicionalmente lo ritual, dotamos de ceremoniosidad extra a lo ceremonioso. En la República de Gilead esto también ocurre: hay una forma de actuar preestablecida en la preparación de la Ceremonia.

Luego, con gran acierto, Defred cuestiona la veracidad de las noticias que escucha. Parece saber que son noticias fabricadas para predisponer a la gente a favor del poder establecido; Margaret Atwood no conocía el término posverdad porque aún no existía, pero sí existía la posverdad: había que dotar a la definición de un vocablo y con este último año y líderes mundiales como Trump (no es el único) ya estábamos tardando.

Defred sabe que la Historia la escriben los vencedores: “Ellos sólo nos muestran las victorias, nunca las derrotas. En general, los vencedores siempre magnifican sus victorias y minimizan, cuando no directamente eliminan, las derrotas. Es por ello que es tan importante el bucear y encontrar la otra versión de la Historia. Y también ofrecer la otra versión de la Historia: escribir, contar, dar testimonio en primera persona.

Voy a poner un ejemplo quizás un poco controvertido: durante la Segunda Guerra Mundial existió el Blitz, los bombardeos de fábricas y ciudades por parte de la Luftwaffe; bombardearon incesantemente Londres, pero también Liverpool, Birmingham, Bristol, Glasgow… debió de ser horrible, pero no se consiguió desmoralizar al pueblo anglosajón: incluso hay una leyenda urbana que indica que los bombardeos tenían lugar a la hora del té y que muchos flemáticos británicos preferían no dejarse llevar por las sirenas con tal de no faltar a su tradición cotidiana. Pues bien, hacia la mitad de la Segunda Guerra Mundial la situación se revierte y son las fuerzas aéreas británicas, las RAF, las que bombardean indiscriminadamente ciudades alemanas, con ayuda de las fuerzas aéreas estadounidenses. El resultado es que el acoso de los aliados sobre población civil alemana fue mucho más duradero y mortífero que los ocho meses que duró el Blitz, pero en el imaginario popular, si se pregunta quién bombardeó a quién, sin duda todos recordaremos a los pobrecitos ingleses acosados por los nazis… Los ganadores siempre magnifican sus victorias, minimizan sus derrotas y enmascaran los actos atroces que, sin duda, se dan en toda guerra y en cualquier bando.

Esto es Hamburgo tras los bombardeos de junio de 1943


La esperanza es leer entre líneas ya que coincido con el sabio que dijo que toda mentira incorpora una verdad. En esta época de posverdad, todos nosotros deberíamos desarrollar la capacidad de “leer entre líneas”: de inferir, verbo que significa, entre otras muchas cosas muy dispares, “Deducir algo o sacarlo como conclusión de otra cosa”.

domingo, 21 de enero de 2018

VI. LA FAMILIA: CAPÍTULO 14 (1)

* Serena Joy "se apoyará en mi hombro... como si yo fuera un mueble. Lo ha hecho otras veces."

De nuevo, cosificacón: Defred es un mueble… y esto es lo habitual.


* “La postura del cuerpo es importante: las incomodidades menores son aleccionadoras.”

Esta frase me ha recordado a épocas antiguas, pero no tan lejanas, donde adiestraban sobre cómo sentarse, cómo comer, cómo comportarse… era una educación rígida, llena de normas, algunas de ellas llevadas al absurdo porque las normas en si mismas no son insensatas, si no la aplicación de las normas cuando no dan cabida a la excepción.

Además, me embelesa totalmente lo de “las incomodidades menores son aleccionadoras”, es como si se tuvieran que preparar para encontrarse a disgusto y todo lo que les hiciese no sentir satisfacción total fuera un método de instrucción válido.


* El perfume de Serena Joy "Es una de esas fragancias que usan las chicas que aún no han llegado a la adolescencia, o que los niños regalan a sus madres... el olor de la inocencia del cuerpo femenino libre aún de vellosidad y sangre.”


Por un lado, choca una mujer decrépita que se enmascara no sólo con cremas y afeites, también con olores que se vinculan a la juventud: “chicas que aún no han llegado a la adolescencia” o mucho mejor, “que los niños regalan a sus madres”, no porque a las madres les guste especialmente ese aroma si no porque son los niños los que eligen cómo quieren que huelan sus madres.


De otro lado, por supuesto, no podía dejar de hacer referencia a esa idea tan judeocristiana de unir pérdida de la inocencia con la llegada de la regla: unir siempre e inexorablemente la concepción del pecado original con el “parirás a tus hijos con dolor”. Exactamente la frase es: “Multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos”.

Aquí quiero hacer una salvedad; últimamente he leído “Sapiens” de Harari y durante la primera parte, “La Revolución Cognitiva” he encontrado varios hechos científicos que refuerzan textos del Génesis:

1) Actualmente se sabe que todos procedemos de una única Eva mitocondrial y un único Adán cromosómico.
2) El hecho de andar erguido hizo que las caderas de las hembras se estrechasen; esto unido al desarrollo de la capacidad craneal de los Homo Sapiens dio resultado a partos más dolorosos… aunque no me gusta este unir “dolor” y “parto” porque el dolor, como casi todo en esta vida, es relativo … me gustaría mejor decir “partos trabajosos o dificultosos”
3) Muy probablemente, los Sapiens exterminamos a los Neandertales, quizás a otras especies de homínidos (Homo Denisova, Homo Erectus) ¿No recuerda a Caín y Abel?

Cuando cogí en mis manos el libro, me dieron ganas de releer los primeros Libros de la Biblia para hacer una comparación más exacta, pero no lo hice. Lo que si me gustaría es plasmar estas ideas que me iban llegando.

Y ya que he empezado con la Biblia y aunque no venga muy a cuento, hay un dato que leí hace tiempo y que se me quedó grabado: el “mito” del diluvio Universal es uno de los mitos más extendidos en todas las culturas y religiones; aparece desde los sumerios y acadios, hasta llegar a la Torá de donde bebe el Antiguo Testamento y el Corán, donde también se recoge la figura de Noé; pero curiosamente también aparece en los Vedas hindúes, en leyendas chinas, australianas y africanas, en la mitología griega ¡pero también en América! Mayas, aztecas, guaraníes, taínos, mapuches relatan desastres y aniquilación relacionada con el agua… Algo debió de pasar a un nivel planetario o bien son diferentes fenómenos meteorológicos que todos interpretaron de forma similar: el cabreo de los dioses con la humanidad les lleva a su intención de destruirla pero uno o unos pocos elegidos, con la ayuda divina, son capaces de salvarse de la hecatombe…. Algo, sea la Catástrofe del Toba, tsunamis provocados por erupciones volcánicas o terremotos, crecidas de los ríos, la inundación del Mar Negro… posiblemente en cada una de las distintas culturas se explica algún acontecimiento diferente, pero resulta curioso esa asimilación de destrucción por agua desde tiempos inmemoriales.



Y todo ello me lleva a una última reflexión, ahora que la ciencia sustituye a la religión ¿no estamos desechando demasiado pronto y demasiado alegremente cualquier texto que tenga tufillo religioso? Desde luego que los textos religiosos son alegorías, pero podríamos y debiéramos interpretarlos no arrinconándolos como cuentos de niños. Nuestros ancestros creyeron conveniente construir todo su entramado social a partir de ciertas premisas que elevaron por encima de las leyes humanas, convirtiéndolas en designios “divinos”; merece la pena no desterrarlos del conocimiento.

jueves, 18 de enero de 2018

V. LA SIESTA: CAPÍTULO 13 (3)

* “La oímos (a Dolores) quejarse hasta el amanecer... Y el hecho de no saber lo hace todavía peor.”

Coincido plenamente con la idea de que el desconocimiento de qué provoca los quejidos de Dolores es lo que empeora la situación; si no sabemos, nunca podremos llegar a la conclusión de si seremos capaces de soportar o no el dolor, las vejaciones, el sufrimiento….


* “Vuelvo a asombrarme por la desnudez que caracteriza la vida de los hombres: las duchas abiertas, el cuerpo expuesto a las miradas y las comparaciones, las partes íntimas exhibidas en público... ¿Por qué las mujeres no necesitan demostrarse las unas a las otras que son mujeres?”

No estoy segura de que hoy en día sea así, quizás las mujeres nos estemos masculinizando y ya nos mostramos desnudas ante otras mujeres, incluso hombres, sin ningún pudor… También podría ser que Margaret Atwood no estuviera muy acertada en esta descripción que hace de mujeres sin exhibirnos… Voy a una piscina pública y desde luego que en el vestuario femenino se ven duchas abiertas, cuerpos expuestos a miradas y comparación de cuerpos, no tanto de partes íntimas que en nuestro caso son internas… También podría ser que la autora quisiera jugar con el concepto de la constante competencia masculina que se traduce en competencia, también, de su sexo y de su físico… las mujeres somos más sutiles a la hora de valorar la belleza de un cuerpo femenino o masculino, es como si tuviéramos más claro que la hermosura se encuentra de muchas formas.

Pero sin duda, la diana del pensamiento se concentra en la última oración: “¿Por qué las mujeres no necesitan demostrarse las unas a las otras que son mujeres?” Equivale a decir que la hombría se concentra en el cuerpo masculino, los hombres “necesitan” demostrar su masculinidad frente a otros hombres; nosotras nos sabemos mujeres, creo que tenemos mucha mayor reafirmación de nuestro sexo, mucho más interiorizado el concepto de que somos mujeres, más seguridad en nuestra feminidad…. Curiosamente todo este pensamiento me ha llevado a la. reflexión de que conozco a muchos hombres con miedo a explorar su lado femenino: les da miedo expresar sus sentimientos, admitir debilidades, indagar en sus emociones… En este sentido, mientras que el feminismo vaya asentándose en nuestras mentes, las mujeres tendremos una gran ventaja sobre los hombres: a nosotras no nos costará tanto dejar viejos arquetipos  atrás y para muestra un botón: mientras que prácticamente todas las mujeres del mundo hemos experimentado el llevar pantalones, y hasta la más “femenina” o detractora de los pantalones se los enfunda para según qué actividades, pocos hombres se han atrevido a experimentar con faldas o vestidos… y, hombres del mundo, os aseguro que en muchísimas circunstancias, este tipo de atuendo es muy agradable… Claramente las mujeres tenemos la ventaja de utilizar ahora indistintamente faldas o pantalones y los hombres seguirán defendiendo encorsetadamente su masculinidad asociándola al uso de los pantalones


* “Todos los meses espero la sangre con temor, porque si aparece representa un fracaso. Otra vez he fracasado en el intento de satisfacer las expectativas de los demás, que han acabado por convertirse en las mías.”

Esta frase me resultó especialmente dura, no tanto por Defred que ya se comprueba que su deseo de quedar embarazada no es suyo, si no por unir la llegada de la menstruación con el fracaso y si has conocido a una mujer que desee quedarse embarazada y tenga problemas de fertilidad lo de “esperar la sangre con temor” y que su aparición represente un fracaso toma una dimensión nueva. En mi caso así fue, una amiga tuvo muchos problemas para quedarse embarazada y mes a mes la menstruación se convirtió en una losa, y aparecía cada cuatro semanas, apenas daba tiempo a recuperarse anímicamente para el siguiente desengaño… fue duro y en el caso que conozco más de cerca tuvo un final feliz, un buen día la sangre no apareció y el embarazo llegó a buen puerto, pero la sensación de unir la inexorable llegada de la menstruación a la decepción puede volver loca a la más cuerda.


* “Corro con ella... Ahora llora, está asustada... Oigo los disparos... La tiro al suelo y me echo sobre ella para cubrirla y protegerla... Disminuyo la presión, no quiero asfixiarla... ya es muy tarde, nos separamos... puedo verla a ella... tendiéndome los brazos mientras se la llevan... De todos los sueños que he tenido, éste es el peor.”

Con pocas palabras se describe la maternidad: protección, pero también ternura y delicadeza (“Disminuyo la presión, no quiero asfixiarla”). La pesadilla de cualquier madre: el arrebato de su hija. El hijo arrancado del lado de su madre ¿hay algún sueño peor?

domingo, 14 de enero de 2018

V. LA SIESTA: CAPÍTULO 13 (2)

* “La mayor parte del tiempo estábamos cansadas. Supongo que... nos daban algún tipo de pastillas... O tal vez no. Quizás fuese el lugar...una vez te habías adaptado, era mejor permanecer en estado letárgico, y decirte que estabas ahorrando fuerzas.”

Defred rememora su estancia en “la escuela de Criadas”. Siento admiración por “estar cansadas” asociado a estar sedadas o permanecer en estado letárgico. Normalmente el cansancio llega después de una actividad, sea mental o física; el cansancio es sinónimo de fatiga, de agotamiento, de extenuación y sin embargo también es sinónimo de tedio, hastío, aburrimiento, desgana… Nunca había caído en la cuenta de que este concepto significa a la vez acción e inacción.


* “Ella (Moira) me vio, pero se volvió; ya había aprendido a no correr riesgos... sólo nos lanzábamos breves miradas, como quien bebe a sorbos. La amistad provocaba suspicacias...”

Aprender a no correr riesgos, instinto de supervivencia. Breves miradas, beber a sorbos, preciosa comparación.




* “...estamos en sesión de Testimonio... Le toca el turno a Janine, que cuenta que a los catorce años fue violada por una pandilla y tuvo un aborto. La semana pasada contó lo mismo, y parecía casi orgullosa... En las sesiones de Testimonio es más seguro inventarse algo que decir que no tienes nada que revelar. Pero ¿de quién fue la culpa? La culpa es suya, suya, suya... ¿Quién los provocó? Fue ella, ella, ella. ¿Por qué Dios permitió que ocurriera semejante atrocidad? Para darle una lección. Para darle una lección. Para darle una lección. La semana pasada, Janine rompió a llorar... Por un instante, y aunque sabíamos lo que iban a hacerle, la despreciamos. Llorona. Llorona. Llorona. Y lo peor es que lo decíamos en serio. Yo solía tener un buen concepto de mí misma. Pero en aquel momento no. Esta semana, Janine no espera a que la insultemos. Fue culpa mía, dice. Sólo mía. Yo los incité. Me merecía todo ese sufrimiento.”

Para mí este es uno de los pasajes más intensos de El Cuento de la Criada, las sesiones de Testimonio de Janine, porque son dos: la de “la semana pasada” donde orgullosamente cuenta como fue violada a los catorce años y todo el grupo se le vuelve en contra hasta hacerle llorar: la culpa es de la víctima, la víctima provoca lo que le ha sucedido y por supuesto se espera que se saque una lección de todo ello; la víctima es despreciada y vilipendiada… En la segunda sesión de Testimonio, Janine ya ha aprendido la lección, ya ha interiorizado la culpa y de esa forma el criminal queda sin castigo pues si deja de ser culpable, no hay razón para una condena… Y es curioso, porque desde hace mucho tiempo se viene persiguiendo esta idea de culpabilizar a la víctima; en una violación necesitamos contar con los elementos de cómo se ha comportado la víctima para decidir cuánta credibilidad le prestamos ¿cómo iba vestida? ¿qué hacía por ese lugar? ¿se resistió? Pero por poner ejemplos más livianos, si te roban la cartera en el autobús, automáticamente todo el mundo querrá saber si habías puesto todas las medidas de seguridad: bolso cerrado, prestando atención a manos ajenas, bien agarrado debajo del brazo…. ¿por qué? El robo de la cartera es el acto criminal, no el que uno sea más o menos despistado o confiado; lo que está mal, está mal -el robo-, y lo otro son intentos por hacer parecer al criminal menos culpable. Hay que actuar correctamente, signifique esto lo que signifique para cada uno, por principios no por falta de oportunidad para actuar incorrectamente.


Hay un hecho de Defred que me gusta especialmente en este párrafo: se reconoce como mala persona, o bien reconoce que en un momento determinado ha actuado mal: “Yo solía tener un buen concepto de mí misma. Pero en aquel momento no.” Es muy difícil reconocer los errores de uno mismo; siempre tendemos a cargarnos de razones para disculpar nuestras malas actuaciones, es como si necesitáramos defendernos ante nosotros mismo. Defred, no; Defred asume que un momento dado no actuó bien. Me encanta esa valentía que en ocasiones yo misma intento aplicar a mi vida: no soy perfecta, en ocasiones no actúo bien, fallo, me equivoco… Es un ejercicio muy sano primero porque un poco de humildad en la vida nunca viene mal, no vaya a ser que alguna vez nos caigamos del pedestal donde nos hemos colocado; pero, lo primordial, se aprende a perdonar al otro mejor, y quien habla de perdonar, habla de tolerar, de comprender, de aprobar…. En definitiva, eres menos exigente con los demás si aprendes a ser menos exigente contigo misma.

domingo, 7 de enero de 2018

V. LA SIESTA: CAPÍTULO 13 (1)

* “Hay tiempo de sobra. Ésta es una de las cosas para las que no estaba preparada: la cantidad de tiempo desocupados, los largos paréntesis de nada.”

Siempre tan ocupados, tan llenos de prisas, urgencias, cosas pendientes por hacer que cuando de repente nos llega el parón no sabemos reaccionar… No porque ninguna nos hayamos convertido en Criadas, pero quién no ha tenido esa sensación cuando se queda parado, o sufre una leve baja… simplemente la llegada de las vacaciones nos abruma, no estamos preparados para disponer de nuestro tiempo… parece que siempre hay que hacer; pensar, hablar con uno mismo, no es opción.


* “Montones de cuadros de harenes... Eran cuadros que representaban el aburrimiento. Pero tal vez el aburrimiento sea erótico cuando quienes se aburren son las mujeres, al menos para los hombres.”

Nunca me hubiera planteado el asociar harén con aburrimiento ¿son los harenes visiones del hastío femenino? Harén significa lo prohibido y por definición lo proscrito tiene un halo de misterio que no casa con la idea de aburrimiento… Y sin embargo, hay noticias de harenes de miles de mujeres: miles de mujeres, siempre las mismas, con las mismas cosas que hacer, sin poder moverse libremente, ávidas de novedad… Sí, definitivamente estar en un harén debe de ser muy aburrido.



* “Espero, lavada, cepillada, alimentada, igual que un cerdo al que se entrega como premio.”

Me gusta la fuerza de esta frase, de equiparar a personas con animales de granja, es otra especie de “cosificación” sólo que en este caso es “animalización”… lo que sea con tal de mostrarnos la deshumanización de las personas.

jueves, 4 de enero de 2018

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 12

* “Lo único que le falta a este cuarto de baño para ser como los de antes es una muñeca que tape con su falda el rollo de papel higiénico de recambio. Aparte de que han reemplazado el espejo de encima del lavabo por un rectángulo de hojalata, y que la puerta no tiene cerradura, y que no hay maquinillas de afeitar, por supuesto.”

Todo simula normalidad. Sólo es apariencia. Desterramos los espejos como sinónimos de vanidad. Carecemos de cerraduras porque la intimidad está proscrita. Evitamos las maquinillas de afeitar tapiando las salidas fáciles. Sólo falta la muñeca porta-rollos y lo esencial: el reconocerse, lo privado, la elección.




* “Mi desnudez me resulta extraña… ¿De verdad me ponía bañador para ir a la playa?... vergonzoso, impúdico. Evito mirar mi cuerpo, no tanto porque sea algo vergonzoso o impúdico, sino porque no quiero verlo. No quiero mirar algo que me determina de forma tan absoluta.”

Somos lo que somos no por nuestra mente: nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras acciones… todo ello es superfluo porque lo único que nos tasa en esa sociedad es el cuerpo: si eres mujer u hombre, si eres joven o vieja, si has procreado o no…. nada más tiene importancia: el cuerpo te determina, es la frontera entre vivir o morir, entre vivir o sobrevivir, entre vivir o desear la muerte. Esto que acabo de escribir ¿es sólo aplicable a la República de Gilead o describe bastante bien nuestra sociedad occidental de principios del siglo XXI? La imagen, al igual que el cuerpo, puede ser importante pero nunca determinante.


* “… pienso en una niña que no murió cuando tenía cinco años; que aún existe, espero, aunque no para mí…. Ellos debieron de decirle que yo había muerto… Seguramente pensaron que de ese modo a ella le resultaría más fácil adaptarse… Ya debe de tener ocho años… Ellos tenían razón, es más fácil pensar que ella ha muerto.”

La hija de Defred arrebatada de su lado hace 3 años ¿es más fácil pensar que uno ha muerto, sea la niña pensando que su madre ha muerto o bien Defred pensando que la niña ha muerto? ¿es más fácil o más cómodo? Facilidad requiere carencia de esfuerzo, comodidad es conveniencia, estar a gusto. No creo que pensar en la muerte de alguien sea fácil, no… más bien es definitivo: contra la muerte no hay marcha atrás, es concluyente, irrevocable, innegable. Evitaremos que la niña busque a su madre biológica, no habrá demasiadas preguntas, no habrá demasiados reproches. ¿Defred puede pensar que su hija está muerta y cerrar para siempre la puerta al reencuentro? ¿Es más fácil pensar que ella ha muerto? ¿De verdad o más bien la frase sería “Ojalá pudiera pensar que ella ha muerto”?


* “…el pequeño tatuaje de mi tobillo. Cuatro dedos y un ojo, lo contrario de un pasaporte… sirve como garantía de que nunca desapareceré. Soy demasiado importante, demasiado especial para que eso ocurra. Pertenezco a la reserva natural.”

Defred está marcada. Los pasaportes abren puertas, franquean límites. El tatuaje las cierra, acota las salidas. Defred puede desprenderse de sus ropas rojas de Criada, pero no puede despegarse de su condición de Criada: pertenece a la reserva natural, los gileadianos están en peligro de extinción y los ejemplares susceptibles de concebir son primordiales.


* Cora “Antes de entrar llama a la puerta. Me gusta ese detalle. Significa que piensa que me corresponde algo de lo que solíamos llamar <intimidad>.”

Los gestos son importantes y qué mayor significado que llamar a una puerta carente de cerradura antes de atravesarla. Cora demuestra intención de reconocer el derecho de Defred a tener su propio yo. O quizás es Defred la que carga con dicho significado a un gesto de Cora que quizás ésta no haga más que por pura rutina, no tratándose realmente de un gesto si no de una acción mecánica hecha sin intención ni propósito.