* “Me gustaría
robar algo de esta habitación...y esconderlo en mi habitación,… De vez en
cuando lo sacaría para mirarlo. Me daría la sensación de que tengo poder.”
Qué simple resulta tener sensación de poder: mirar un objeto robado… creo
que realmente el poder no es mirar el objeto si no robarlo y que permanezca en
su poder ¡Cómo cambia tener poder y tener en su poder, y apenas se introduce una
preposición!
Ellos le han quitado algo y a cambio Defred sólo desea arrebatarles
cualquier cosa y guardarla y de vez cuando mirarla, sería su tesoro.
* “Esto es lo
bueno de las veladas de la Ceremonia: que me permiten escuchar las noticias. Es
como si en esta casa hubiera una regla tácita: nosotros siempre llegamos
puntuales, él siempre llega tarde, y Serena siempre nos deja ver las
noticias... ¿quién sabe si algo de esto es verdad? Podría tratarse de noticias
antiguas, o una falsificación. Pero de todos modos las escucho, con la
esperanza de leer entre líneas... Ellos sólo nos muestran las victorias, nunca
las derrotas.”
Estas seis líneas encierran todo un discurso muy actual hoy en día que está
tan en boga la posverdad.
La Real Academia de la Lengua recogió en la última edición digital del 2017
el término “posverdad” (así, sin “t” intercalada, lo cual detesto) y la definió
como “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones
con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales.”
Pero vayamos por partes. Primero aparece el término de “Ceremonia” que aún
no sabemos lo que es, pero ya nos introduce en el campo semántico de ritual,
culto, celebración importante. Hay incluso un ritual sobre el ritual: él, el
Comandante, siempre llega tarde y Serena, mientras tanto, permite ver las
noticias. Recuerda al costumbrismo de acudir a la Iglesia los domingos de
mediados del siglo veinte: la familia con sus mejores galas y después de la
misa, distribuidos por grupos de edad para tomar el aperitivo o dar un paseo
por el pueblo/ciudad. Normalmente tendemos a ritualizar adicionalmente lo
ritual, dotamos de ceremoniosidad extra a lo ceremonioso. En la República de
Gilead esto también ocurre: hay una forma de actuar preestablecida en la
preparación de la Ceremonia.
Luego, con gran acierto, Defred cuestiona la veracidad de las noticias que
escucha. Parece saber que son noticias fabricadas para predisponer a la gente a
favor del poder establecido; Margaret Atwood no conocía el término posverdad
porque aún no existía, pero sí existía la posverdad: había que dotar a la
definición de un vocablo y con este último año y líderes mundiales como Trump
(no es el único) ya estábamos tardando.
Defred sabe que la Historia la escriben los vencedores: “Ellos sólo nos
muestran las victorias, nunca las derrotas. En general, los vencedores siempre
magnifican sus victorias y minimizan, cuando no directamente eliminan, las
derrotas. Es por ello que es tan importante el bucear y encontrar la otra
versión de la Historia. Y también ofrecer la otra versión de la Historia:
escribir, contar, dar testimonio en primera persona.
Voy a poner un ejemplo quizás un poco controvertido: durante la Segunda
Guerra Mundial existió el Blitz, los bombardeos de fábricas y ciudades por
parte de la Luftwaffe; bombardearon incesantemente Londres, pero también
Liverpool, Birmingham, Bristol, Glasgow… debió de ser horrible, pero no se
consiguió desmoralizar al pueblo anglosajón: incluso hay una leyenda urbana que
indica que los bombardeos tenían lugar a la hora del té y que muchos flemáticos
británicos preferían no dejarse llevar por las sirenas con tal de no faltar a
su tradición cotidiana. Pues bien, hacia la mitad de la Segunda Guerra Mundial
la situación se revierte y son las fuerzas aéreas británicas, las RAF, las que
bombardean indiscriminadamente ciudades alemanas, con ayuda de las fuerzas
aéreas estadounidenses. El resultado es que el acoso de los aliados sobre
población civil alemana fue mucho más duradero y mortífero que los ocho meses
que duró el Blitz, pero en el imaginario popular, si se pregunta quién
bombardeó a quién, sin duda todos recordaremos a los pobrecitos ingleses
acosados por los nazis… Los ganadores siempre magnifican sus victorias,
minimizan sus derrotas y enmascaran los actos atroces que, sin duda, se dan en
toda guerra y en cualquier bando.
La esperanza es leer entre líneas ya que coincido con el sabio que dijo que
toda mentira incorpora una verdad. En esta época de posverdad, todos nosotros
deberíamos desarrollar la capacidad de “leer entre líneas”: de inferir, verbo
que significa, entre otras muchas cosas muy dispares, “Deducir algo o sacarlo como
conclusión de otra cosa”.


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