Encuentro virtual de lectores para pensar en voz alta.

jueves, 25 de enero de 2018

VI. LA FAMILIA: CAPÍTULO 14 (2)

* “Me gustaría robar algo de esta habitación...y esconderlo en mi habitación,… De vez en cuando lo sacaría para mirarlo. Me daría la sensación de que tengo poder.”

Qué simple resulta tener sensación de poder: mirar un objeto robado… creo que realmente el poder no es mirar el objeto si no robarlo y que permanezca en su poder ¡Cómo cambia tener poder y tener en su poder, y apenas se introduce una preposición!

Ellos le han quitado algo y a cambio Defred sólo desea arrebatarles cualquier cosa y guardarla y de vez cuando mirarla, sería su tesoro.


* “Esto es lo bueno de las veladas de la Ceremonia: que me permiten escuchar las noticias. Es como si en esta casa hubiera una regla tácita: nosotros siempre llegamos puntuales, él siempre llega tarde, y Serena siempre nos deja ver las noticias... ¿quién sabe si algo de esto es verdad? Podría tratarse de noticias antiguas, o una falsificación. Pero de todos modos las escucho, con la esperanza de leer entre líneas... Ellos sólo nos muestran las victorias, nunca las derrotas.”

Estas seis líneas encierran todo un discurso muy actual hoy en día que está tan en boga la posverdad.

La Real Academia de la Lengua recogió en la última edición digital del 2017 el término “posverdad” (así, sin “t” intercalada, lo cual detesto) y la definió como “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales.”

Pero vayamos por partes. Primero aparece el término de “Ceremonia” que aún no sabemos lo que es, pero ya nos introduce en el campo semántico de ritual, culto, celebración importante. Hay incluso un ritual sobre el ritual: él, el Comandante, siempre llega tarde y Serena, mientras tanto, permite ver las noticias. Recuerda al costumbrismo de acudir a la Iglesia los domingos de mediados del siglo veinte: la familia con sus mejores galas y después de la misa, distribuidos por grupos de edad para tomar el aperitivo o dar un paseo por el pueblo/ciudad. Normalmente tendemos a ritualizar adicionalmente lo ritual, dotamos de ceremoniosidad extra a lo ceremonioso. En la República de Gilead esto también ocurre: hay una forma de actuar preestablecida en la preparación de la Ceremonia.

Luego, con gran acierto, Defred cuestiona la veracidad de las noticias que escucha. Parece saber que son noticias fabricadas para predisponer a la gente a favor del poder establecido; Margaret Atwood no conocía el término posverdad porque aún no existía, pero sí existía la posverdad: había que dotar a la definición de un vocablo y con este último año y líderes mundiales como Trump (no es el único) ya estábamos tardando.

Defred sabe que la Historia la escriben los vencedores: “Ellos sólo nos muestran las victorias, nunca las derrotas. En general, los vencedores siempre magnifican sus victorias y minimizan, cuando no directamente eliminan, las derrotas. Es por ello que es tan importante el bucear y encontrar la otra versión de la Historia. Y también ofrecer la otra versión de la Historia: escribir, contar, dar testimonio en primera persona.

Voy a poner un ejemplo quizás un poco controvertido: durante la Segunda Guerra Mundial existió el Blitz, los bombardeos de fábricas y ciudades por parte de la Luftwaffe; bombardearon incesantemente Londres, pero también Liverpool, Birmingham, Bristol, Glasgow… debió de ser horrible, pero no se consiguió desmoralizar al pueblo anglosajón: incluso hay una leyenda urbana que indica que los bombardeos tenían lugar a la hora del té y que muchos flemáticos británicos preferían no dejarse llevar por las sirenas con tal de no faltar a su tradición cotidiana. Pues bien, hacia la mitad de la Segunda Guerra Mundial la situación se revierte y son las fuerzas aéreas británicas, las RAF, las que bombardean indiscriminadamente ciudades alemanas, con ayuda de las fuerzas aéreas estadounidenses. El resultado es que el acoso de los aliados sobre población civil alemana fue mucho más duradero y mortífero que los ocho meses que duró el Blitz, pero en el imaginario popular, si se pregunta quién bombardeó a quién, sin duda todos recordaremos a los pobrecitos ingleses acosados por los nazis… Los ganadores siempre magnifican sus victorias, minimizan sus derrotas y enmascaran los actos atroces que, sin duda, se dan en toda guerra y en cualquier bando.

Esto es Hamburgo tras los bombardeos de junio de 1943


La esperanza es leer entre líneas ya que coincido con el sabio que dijo que toda mentira incorpora una verdad. En esta época de posverdad, todos nosotros deberíamos desarrollar la capacidad de “leer entre líneas”: de inferir, verbo que significa, entre otras muchas cosas muy dispares, “Deducir algo o sacarlo como conclusión de otra cosa”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario