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jueves, 18 de enero de 2018

V. LA SIESTA: CAPÍTULO 13 (3)

* “La oímos (a Dolores) quejarse hasta el amanecer... Y el hecho de no saber lo hace todavía peor.”

Coincido plenamente con la idea de que el desconocimiento de qué provoca los quejidos de Dolores es lo que empeora la situación; si no sabemos, nunca podremos llegar a la conclusión de si seremos capaces de soportar o no el dolor, las vejaciones, el sufrimiento….


* “Vuelvo a asombrarme por la desnudez que caracteriza la vida de los hombres: las duchas abiertas, el cuerpo expuesto a las miradas y las comparaciones, las partes íntimas exhibidas en público... ¿Por qué las mujeres no necesitan demostrarse las unas a las otras que son mujeres?”

No estoy segura de que hoy en día sea así, quizás las mujeres nos estemos masculinizando y ya nos mostramos desnudas ante otras mujeres, incluso hombres, sin ningún pudor… También podría ser que Margaret Atwood no estuviera muy acertada en esta descripción que hace de mujeres sin exhibirnos… Voy a una piscina pública y desde luego que en el vestuario femenino se ven duchas abiertas, cuerpos expuestos a miradas y comparación de cuerpos, no tanto de partes íntimas que en nuestro caso son internas… También podría ser que la autora quisiera jugar con el concepto de la constante competencia masculina que se traduce en competencia, también, de su sexo y de su físico… las mujeres somos más sutiles a la hora de valorar la belleza de un cuerpo femenino o masculino, es como si tuviéramos más claro que la hermosura se encuentra de muchas formas.

Pero sin duda, la diana del pensamiento se concentra en la última oración: “¿Por qué las mujeres no necesitan demostrarse las unas a las otras que son mujeres?” Equivale a decir que la hombría se concentra en el cuerpo masculino, los hombres “necesitan” demostrar su masculinidad frente a otros hombres; nosotras nos sabemos mujeres, creo que tenemos mucha mayor reafirmación de nuestro sexo, mucho más interiorizado el concepto de que somos mujeres, más seguridad en nuestra feminidad…. Curiosamente todo este pensamiento me ha llevado a la. reflexión de que conozco a muchos hombres con miedo a explorar su lado femenino: les da miedo expresar sus sentimientos, admitir debilidades, indagar en sus emociones… En este sentido, mientras que el feminismo vaya asentándose en nuestras mentes, las mujeres tendremos una gran ventaja sobre los hombres: a nosotras no nos costará tanto dejar viejos arquetipos  atrás y para muestra un botón: mientras que prácticamente todas las mujeres del mundo hemos experimentado el llevar pantalones, y hasta la más “femenina” o detractora de los pantalones se los enfunda para según qué actividades, pocos hombres se han atrevido a experimentar con faldas o vestidos… y, hombres del mundo, os aseguro que en muchísimas circunstancias, este tipo de atuendo es muy agradable… Claramente las mujeres tenemos la ventaja de utilizar ahora indistintamente faldas o pantalones y los hombres seguirán defendiendo encorsetadamente su masculinidad asociándola al uso de los pantalones


* “Todos los meses espero la sangre con temor, porque si aparece representa un fracaso. Otra vez he fracasado en el intento de satisfacer las expectativas de los demás, que han acabado por convertirse en las mías.”

Esta frase me resultó especialmente dura, no tanto por Defred que ya se comprueba que su deseo de quedar embarazada no es suyo, si no por unir la llegada de la menstruación con el fracaso y si has conocido a una mujer que desee quedarse embarazada y tenga problemas de fertilidad lo de “esperar la sangre con temor” y que su aparición represente un fracaso toma una dimensión nueva. En mi caso así fue, una amiga tuvo muchos problemas para quedarse embarazada y mes a mes la menstruación se convirtió en una losa, y aparecía cada cuatro semanas, apenas daba tiempo a recuperarse anímicamente para el siguiente desengaño… fue duro y en el caso que conozco más de cerca tuvo un final feliz, un buen día la sangre no apareció y el embarazo llegó a buen puerto, pero la sensación de unir la inexorable llegada de la menstruación a la decepción puede volver loca a la más cuerda.


* “Corro con ella... Ahora llora, está asustada... Oigo los disparos... La tiro al suelo y me echo sobre ella para cubrirla y protegerla... Disminuyo la presión, no quiero asfixiarla... ya es muy tarde, nos separamos... puedo verla a ella... tendiéndome los brazos mientras se la llevan... De todos los sueños que he tenido, éste es el peor.”

Con pocas palabras se describe la maternidad: protección, pero también ternura y delicadeza (“Disminuyo la presión, no quiero asfixiarla”). La pesadilla de cualquier madre: el arrebato de su hija. El hijo arrancado del lado de su madre ¿hay algún sueño peor?

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