* “Lo
único que le falta a este cuarto de baño para ser como los de antes es una
muñeca que tape con su falda el rollo de papel higiénico de recambio. Aparte de
que han reemplazado el espejo de encima del lavabo por un rectángulo de
hojalata, y que la puerta no tiene cerradura, y que no hay maquinillas de afeitar,
por supuesto.”
Todo simula normalidad. Sólo es apariencia.
Desterramos los espejos como sinónimos de vanidad. Carecemos de cerraduras porque
la intimidad está proscrita. Evitamos las maquinillas de afeitar tapiando las
salidas fáciles. Sólo falta la muñeca porta-rollos y lo esencial: el
reconocerse, lo privado, la elección.
* “Mi
desnudez me resulta extraña… ¿De verdad me ponía bañador para ir a la playa?...
vergonzoso, impúdico. Evito mirar mi cuerpo, no tanto porque sea algo
vergonzoso o impúdico, sino porque no quiero verlo. No quiero mirar algo que me
determina de forma tan absoluta.”
Somos lo que somos no por nuestra mente: nuestros
pensamientos, nuestras emociones, nuestras acciones… todo ello es superfluo
porque lo único que nos tasa en esa sociedad es el cuerpo: si eres mujer u
hombre, si eres joven o vieja, si has procreado o no…. nada más tiene
importancia: el cuerpo te determina, es la frontera entre vivir o morir, entre
vivir o sobrevivir, entre vivir o desear la muerte. Esto que acabo de escribir ¿es sólo aplicable a la República de Gilead o describe bastante bien nuestra sociedad occidental de principios del siglo XXI? La imagen, al igual que el cuerpo, puede ser importante pero nunca determinante.
* “…
pienso en una niña que no murió cuando tenía cinco años; que aún existe,
espero, aunque no para mí…. Ellos debieron de decirle que yo había muerto…
Seguramente pensaron que de ese modo a ella le resultaría más fácil adaptarse…
Ya debe de tener ocho años… Ellos tenían razón, es más fácil pensar que ella ha
muerto.”
La hija de Defred arrebatada de su lado hace 3 años
¿es más fácil pensar que uno ha muerto, sea la niña pensando que su madre ha
muerto o bien Defred pensando que la niña ha muerto? ¿es más fácil o más
cómodo? Facilidad requiere carencia de esfuerzo, comodidad es conveniencia,
estar a gusto. No creo que pensar en la muerte de alguien sea fácil, no… más
bien es definitivo: contra la muerte no hay marcha atrás, es concluyente,
irrevocable, innegable. Evitaremos que la niña busque a su madre biológica, no
habrá demasiadas preguntas, no habrá demasiados reproches. ¿Defred puede pensar
que su hija está muerta y cerrar para siempre la puerta al reencuentro? ¿Es más
fácil pensar que ella ha muerto? ¿De verdad o más bien la frase sería “Ojalá
pudiera pensar que ella ha muerto”?
* “…el
pequeño tatuaje de mi tobillo. Cuatro dedos y un ojo, lo contrario de un
pasaporte… sirve como garantía de que nunca desapareceré. Soy demasiado
importante, demasiado especial para que eso ocurra. Pertenezco a la reserva
natural.”
Defred está marcada. Los pasaportes abren puertas,
franquean límites. El tatuaje las cierra, acota las salidas. Defred puede
desprenderse de sus ropas rojas de Criada, pero no puede despegarse de su
condición de Criada: pertenece a la reserva natural, los gileadianos están en
peligro de extinción y los ejemplares susceptibles de concebir son primordiales.
* Cora
“Antes de entrar llama a la puerta. Me gusta ese detalle. Significa que piensa
que me corresponde algo de lo que solíamos llamar <intimidad>.”

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