Encuentro virtual de lectores para pensar en voz alta.

viernes, 15 de diciembre de 2017

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 11 (2)

* El médico: “Yo podría ayudarte… ¿Ayudarme?... ¿Cómo?... ¿Cómo crees?... Ninguno de ellos sabría jamás que no es suyo… La mayoría de esos viejos no están en condiciones de hacerlo… O son estériles.”

El médico continúa saltándose las normas, y el lector tiene la intuición de que no se trata de un caso aislado, de que en la mayoría de las concepciones que se producen en Gilead, los Comandantes no tienen nada que ver.

Por otro lado, la ayuda no es la que Defred está esperando, la colaboración para escapar de la pesadilla, es más bien una mano al cuello que le propone perpetuarse en el papel de Criada.


* “… ha pronunciado la palabra prohibida: <estéril>. Ya no existe nada semejante a un hombre estéril, al menos oficialmente. Sólo hay mujeres fértiles y mujeres estériles, eso dice la ley.”

Me alegro de vivir en una sociedad donde la esterilidad puede ser un atributo tanto masculino como femenino. En esa voltereta mental que nos propone Margaret Atwood donde nos situamos en un futuro ¿cercano/lejano? con mucho regusto de directrices pretéritas, la esterilidad vuelve a ser achacable sólo a la mujer; esto ha ocurrido así desde que el mundo es mundo y por eso los varones han tenido ciertos privilegios como repudiar a una mujer cuando no le daba descendencia o bien tomar alguna otra esposa… Pues bien, machos del mundo (voy a sacar un poco de feminismo revanchista de la chistera), como mujer os digo que han existido muchos “médicos” que han ayudado a las féminas con la esterilidad de sus hombres; si concebir y parir se convierte en un asunto trascendental para que no varíe el statuo quo matrimonial, no nos debe de extrañar que cualquier mujer pusiera toda la carne en el asador y cometiera adulterio; si la pareja no se basa en el amor si no en la familia, aplaudo a todas ellas que supieron anteponer sus sentimientos a sus deberes como paridoras y madres… Precisamente a la que se repudiaba o relegaba porque no concebía, además de alguna estéril que también habría, pero seguro que se buscaba otros trucos para falsificar una supuesta maternidad… como iba diciendo, la desdeñada por estéril era la fiel esposa que no utilizaba los servicios de un semental.


* ”No debo dar la impresión de que estoy ofendida, sino abierta a su sugerencia… Podría falsear las pruebas, informar que sufro de cáncer, que no soy fértil, hacer que me envíen a las Colonias con las No Mujeres.”

El poder de unos sobre otros, el poder de quien comete el delito, en este caso insinuarse a una Criada haciéndole una proposición, no indecente, francamente ilegal según las rigideces normativas de Gilead; pero quien teme importunarle es la víctima. El que haya ciudadanos de primera y de segunda provoca este tipo de poder despótico, de ilusorio cumplimiento de las reglas, todo es artificial y postizo pues no se sustenta en la igualdad, la equidad, la justicia o el equilibrio, si no en la impunidad, la parcialidad, el dominio y la subordinación.


* “¿Por qué estoy tan asustada? No he traspasado ningún límite, no le he dado ninguna esperanza, no he corrido ningún riesgo, todo está a salvo. Es la decisión lo que me aterroriza. Una salida, una salvación.”

¿Realmente le acaban de facilitar a Defred una salida, una salvación? Entiendo que la gestación le permite dejar de participar en los rituales de apareamiento extraños (¿se pueden llamar de otra forma?) impuestos por la República. Sin embargo, ¿es una opción el quedarse embarazada y parir un hijo que será entregado a las Esposas para su crianza? No sé cual puede llegar a ser el nivel de desaliento de una persona para no concebir el futuro más allá del corto plazo. Imagino que la desesperación y la desesperanza, que no es lo mismo, aunque tengan la misma raíz y muchas veces nos las ofrezcan como sinónimos, lleva a rechazar toda perspectiva de futuro. No obstante, me parece un ejercicio muy acertado para seguir adelante: estando sumido en la negrura de un túnel, sin vislumbrar su fin, ¿qué mejor que plantearse dar el siguiente paso en la oscuridad evitando pensar en lo difícil que nos resultará alcanzar la salida.



 Defred debe decidir, y la decisión es lo que la espanta. Elegir, lo que hacemos los seres humanos a cada instante, lo más complicado y vital que realizamos. Optar equivale a dejar atrás otros caminos, otras alternativas, otras posibles vidas.

domingo, 10 de diciembre de 2017

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 11 (1)

* “Me llevan al médico una vez al mes, para someterme a diversas pruebas…igual que antes, sólo que ahora es obligatorio.”

Me ayudó esta frase a hacer una reflexión: lo que hace o deja de hacer la República de Gilead no es en si pernicioso, ir al médico a someterse a un chequeo médico no es un acto reprobable; lo que es abominable es la imposición de someterse a ese chequeo médico… Es decir, el examen y la fiscalización de nuestras acciones, incluso de las más cotidianas: hacerse un chequeo es lo que hace de este mundo distópico un mundo irrespirable… porque se empieza por conquistar pequeñas parcelas de la autonomía individual y se termina usurpando lo más íntimo que posee el ser humano: su libertad sexual.

Y todo ello me lleva a cavilar sobre este mundo que llaman liberal, y que creemos liberal, y el espacio que estamos dejando para el libre albedrío, todo regulado en aras de la libertad, todo dirigido en aras de la convivencia, en definitiva, todas las actuaciones humanas vigiladas, registradas, examinadas, verificadas… Parece una frase más, “someterse a diversas pruebas médicas que ahora son obligatorias” y que sin embargo hemos incorporado a nuestra normalidad social: empresas y aseguradoras exigen que uno se someta a pruebas médicas rutinarias y no estamos tan lejos de la República de Gilead, sólo que Defred ha caído en la cuenta de la diferencia entre sugerir y obligar, entre proponer e imponer; y nosotros ni siquiera somos conscientes del control al que estamos sometidos.


“Él no debe hablarme, salvo que sea absolutamente necesario; pero este médico es muy locuaz.”

Saltarse las normas… Siempre hay alguien, quizás una multitud, que se saltan las normas.


“Ahora les toca el turno a mis pechos, que son palpados en busca de señales de envejecimiento, podredumbre.”

Pechos…señales de envejecimiento, PODREDUMBRE…. Hay varias cosas en la vida que te dan idea del inexorable paso del tiempo: canas, arrugas y para las mujeres, por supuesto, los pechos caídos… Claro que hacerse viejo es más que eso y que no todos envejecemos con la misma facilidad, pero en el fondo todos nos pudrimos… ¡Qué acertado ese sustantivo, podredumbre, para recurrir al paso del tiempo! Putrefacción, cuerpo podrido, descomposición… Quizás si me apeteciera ser amable diría marchito en lugar de decrépito, pero el resultado es el mismo: envejecemos que es sinónimo de estropearse, consumirse, ajarse… si el cuerpo acompañara a la mente, la madurez y la vejez serían estadios fascinantes; la experiencia y las enseñanzas nos harían invencibles… pero la naturaleza es sabia y nos dota de nuestros mejores recursos físicos cuando aún no hemos adquirido las plenas facultades mentales para utilizarlos… así seguimos siendo simplemente humanos, frágiles, perecederos, efímeros, mortales…


Siempre me gusta recordar la frase de Ingmar Bergman: ”Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena” ¡Quiero seguir escalando hasta la cima!

jueves, 7 de diciembre de 2017

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 10 (3)

* “Por supuesto, en los periódicos aparecían noticias: cadáveres en las zanjas o en el bosque, mujeres asesinadas a palos o mutiladas, mancilladas, solían decir; pero eran noticias sobre otras mujeres, y los hombres que hacían semejantes cosas eran otros hombres.”

Noticias sobre otras mujeres y otros hombres; en nuestra burbuja siempre nos parece que “eso”, lo que sea, lo terrible, lo extraordinario, lo inusual, les pasa a otros y lo hacen otros… Y por ello, nos dejamos de sentir comunidad, enterrando la empatía a varios metros bajo tierra; no es el típico “salvar tu culo”, eso puede ser compresible: anteponer las necesidades y exigencias de cada uno a las del resto. Va más allá, es el no sentir a los demás, al resto, como parte integrante de nuestra realidad; son “otros”, extraños, raros, ajenos, inconcebibles… una realidad ignota para nosotros cuando a poco que escarbes descubres a otro ser humano movido por las mismas pasiones humanas que te mueven a ti y a los que te rodean.


* El Comandante “Tiene el cabello gris. Plateado debería decir para ser amable. Pero no tengo ganas de ser amable. El anterior era calvo, de modo que supongo que éste representa todo un progreso.”

Me gusta ese “Plateado debería decir para ser amable” porque es cierto que hay palabras que significando lo mismo suenan menos ofensivas: anciano frente a viejo, corpulento frente a gordo… En esta era del lenguaje políticamente correcto hay que esforzarse mucho por ser amable y así nos vemos llamando técnicos de residuos urbanos a los basureros; y yo me pregunto ¿qué tiene de malo la palabra “basurero”? ¿no se trata de una profesión muy digna y muy honrada? Entendería el sentirse ofendido por ser llamado ladrón o asesino, pero ¿basurero? ¿por qué alguien, dedicándose a la “gestión de residuos urbanos”, se siente vejado por ser llamado basurero? Pero esto no es nuevo, ya Víctor Hugo en “Los Miserables” (1862) dedica una larga parrafada al neolenguaje, admirándose de que al boticario se le llame farmacéutico.

Y hablando de neolenguas y hablando de distopías, no puedo por menos que recordar al Partido Único de 1984 que convierte la lengua en un medio de control de masas, en un arma ideológica… Y hay que estar atentos a las palabras que eligen periodistas, intelectuales y líderes mundiales para transmitirnos sus ideas: “migrantes” en lugar de “refugiados”, “tropas de paz” gran oxímoron, “ajuste del gasto” por “recortes”, “radical” como sinónimo de “fanático”, “populista” equivalente a “demagogo”… son matices, pequeñas variantes semánticas, apenas perceptibles, que nos llevan a modificar poco a poco nuestro pensamiento para describir la realidad que nos rodea, se instala en nuestros cerebros y nos convierte en pensantes minusválidos.

Para rematar esta frase y a modo de anécdota ¿supone un progreso tener una cabellera encanecida a ser calvo? Toda obra tiene una pizca de secretos del autor de la que no es consciente o ni siquiera querría revelar….



Y en este caso me causó simpatía descubrir que Margaret Atwood siente algo de animosidad por la alopecia o no, porque su cónyuge era calvo ya en la década de los 80, quizás se trate de una pequeña broma marital… en cualquier caso, resulta atrevido afirmar que es un progreso tener pelo a no tenerlo… y estoy pensando en Yul Brynner, en Zinedine Zidane, en Sinead O’Connor, en Ben Kingsley, en Ed Harris o en Sean Connery, personas que han lucido su falta de pelo más o menos voluntaria, más o menos evidente, más o menos temprana con gran gallardía.



* “Debería odiar a este hombre. Sé que debería, pero no es lo que siento. Lo que siento es más complicado. No sé cómo llamarlo. No es amor.”

Los sentimientos son tan difíciles de describir. Los sentimientos son tan particulares, tan íntimos, tan subjetivos que parece complicado definir alguno de una forma general ¿Qué es el odio? ¿Qué el amor o la ira? Defred no sabe describir los sentimientos que le inspira El Comandante. Lo que sabe es exponernos lo que no siente: no es odio ni es amor… y entre el odio y el amor, en toda la gradación de atracción y repulsión que nos pueda causar una persona, es donde situamos lo que Defred siente por él. ¿Qué fácil sería si algún día inventáramos una escala como la de la dureza de los minerales para describir las emociones humanas! ¡Cuántos malos entendidos entre parejas, amigos, familiares, evitaríamos! Hasta que no la tengamos, lo mejor que podremos hacer en nuestras relaciones es comunicarnos, diciendo y preguntando, y estar muy atento a lo que los silencios nos quieren decir… Para mí amar es reconocer al otro, reconocerlo íntimamente, anticipar lo que la otra persona quiere, no quiere, le gusta o le disgusta... seguro que para otras personas este “intento” de definición de amor es una auténtica tontería.

domingo, 3 de diciembre de 2017

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 10 (2)

* “Hacer caso omiso no es lo mismo que ignorar, hay que esforzarse para ello.”

Y al llegar aquí me acuerdo de la canción de Alejandro Sanz “No es lo mismo” que en algunas ocasiones juega con esos pequeños matices y en otras hace juegos de mgia con las palabras

“No es lo mismo ser que estar
No es lo mismo estar que quedarse, ¡qué va!
Tampoco quedarse es igual que parar
No es lo mismo”

“No es lo mismo basta o bastar
Ni es lo mismo, decir, opinar, imponer o mandar
Las listas negras, las manos blancas verás
No es lo mismo
No gana el que tiene más ganas, no sé si me explico”

Pero es verdad, no es lo mismo “ignorar” que puede significar desconocimiento que “hacer caso omiso”, que según el diccionario, el de la Real Academia Española de la Lengua, es “prescindir de algo o no tenerlo en cuenta” lo que implica que ese algo se conoce… efectivamente, para hacer caso omiso hay que esforzarse.


* “Nada cambia en un instante: en una bañera en la que el agua se calienta poco a poco, uno podría morir hervido sin tiempo de darse cuenta siquiera.”

La primera vez que tuve noción de este concepto, de que un ser vivo podría morir hervido sin darse cuenta si el agua se calentaba poco a poco, fue leyendo la fábula de Olivier Clerc “La rana que no sabía que estaba hervida”

Imaginen una cazuela llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana. Se está calentando la cazuela a fuego lento.
Al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana esto le parece agradable, y sigue nadando.
La temperatura empieza a subir. Ahora el agua está caliente. Un poco más de lo que suele gustarle a la rana. Pero ella no se inquieta y además el calor siempre le produce algo de fatiga y somnolencia.
Ahora el agua está caliente de verdad. A la rana empieza a parecerle desagradable. Lo malo es que se encuentra sin fuerzas, así que se limita a aguantar y no hace nada más.
Así, la temperatura del agua sigue subiendo poco a poco, nunca de una manera acelerada, hasta el momento en que la rana acaba hervida y muere sin haber realizado el menor esfuerzo para salir de la cazuela.
Si la hubiéramos sumergido de golpe en un recipiente con el agua a cincuenta grados, ella se habría puesto a salvo de un enérgico salto.

Esta fábula está recogida en el libro ““La rana que no sabía que estaba hervida… y otras lecciones de vida” de 2005 así que de nuevo veo a Atwood como una pionera de una especie de pensamiento social que no despertará hasta principios del siglo XXI ¿Quién sabe? Quizás su papel de activista ecologista le hiciera plantearse mucho antes que los demás la falta de conciencia en la Humanidad que nos iba cociendo poco a poco, porque la moraleja de la fábula, al final, viene a ser ¡conciencia o cocción!

La alegoría está basada en una Ley de la Física: si la velocidad de calentamiento de la temperatura del agua es menor de 0,02º/minuto, la rana se queda quieta y muere al final de la cocción; mientras que, a mayor velocidad de calentamiento, la rana saltaría y escaparía… ya sabemos que a la “gente de ciencias” les gustan los datos exactos y empíricos.

Desde que escuché esta narración he intentado estar muy atenta a no “dejarme cocer” social, política, humanamente… No quedarme en la zona de confort porque cuestionarse el mundo, el entorno, los paradigmas establecidos es tan descabellado y dificultoso…

Una vez conocí a un tipo que me dijo que tenía complejo de salmón, siempre nadando  a contracorriente, y la verdad es que no puedo estar más de acuerdo con él, pero lo más sorprendente y maravilloso de todo es que somos millones de salmones regresando al río… no sé si estamos equivocados, mucho o poco, o si estamos en posesión de la verdad, que, a decir, verdad, ni siquiera creo que exista, la verdad absoluta. Lo que sí sé a ciencia cierta es que es preferible ser salmón y luchar con convicción por tus convicciones, a dejarte escaldar cual rana por no razonar… cuando escriba sobre el dinero en efectivo, si aún seguís por aquí, descubriréis lo que significa no acoplarse a los tres o cuatro eslóganes que nos sueltan desde la tribuna política o los medios de comunicación… y siempre me gusta terminar este tipo de pensamientos con el corolario de Anatole France: “Una necedad repetida por treinta y seis millones de bocas, no deja de ser una necedad”. Todo es cuestionable y eso es lo que nos hace hombres; que algún antepasado se cuestionara que era imposible volar o comunicarse sin cables o dominar el fuego… Cuestionar: poner en duda lo afirmado por alguien es lo que ha hecho a la raza humana progresar; cuestionar es pensamiento, es mejora, es evolución, es perfeccionamiento… si quieren medio-hombres no pensantes, obedientes, dóciles, subordinados al poder y resignados con la realidad, desde luego que deberán de quemar la fábula de Clerc y plantearse un exterminio de salmones que nadamos a contracorriente.

jueves, 30 de noviembre de 2017

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 10 (1)

* “Ahora estas canciones (himno presbiteriano) no se entonan en público, sobre todo si contienen palabras como <liberado>; se las considera demasiado peligrosas. Pertenecen a las sectas proscritas.”

Liberado es más peligroso que libre; alguien se ha desprendido de aquello que lo sometía u oprimía; el libre puede no haber conocido la esclavitud, la prisión, la dominación, el liberado sí por lo que valorará su libertad mucho más y estará dispuesto a mayores sacrificios para conservarla…

El llamar a los presbiteranos y otras ramas de la religión cristiana “sectas proscritas” es uno de los giros conceptuales más radicales de El Cuento de la Criada. En Occidente vivimos tan asentados en la libertad de culto y especialmente, las diferentes doctrinas cristianas hemos dejado tan atrás las guerras de religión y la persecución de las herejías, que no podemos llegar a concebir que las enseñanzas de curas católicos o pastores presbiterianos sean consideradas delictivas. Parece que ya rebasamos esa parte negra de la Historia pero Margaret Atwood no nos propone un poder basado en la economía o en la tecnología, precisamente nos sitúa de nuevo en la Edad Media con una autoridad moral y religiosa que se inmiscuye en lo que creemos uno de los pilares de nuestra libertad: el rezar, o no, a quién nos dé la gana, cómo nos dé la gana y cuándo nos dé la gana.


* “Pero ya no hay que preocuparse por las quemaduras del sol, decía Tía Lydia. Menudo espectáculo solían dar las mujeres. Se untaban con aceite como si fueran un trozo de carne para el asador, e iban por la calle enseñando la espalda y los hombros, y las piernas, porque ni siquiera llevaban medias… Y no es bueno para el cutis… Aunque al decir eso olvidaba que nuestro cutis, supuestamente, ya no debía importarnos.”


No me canso de repetir cuánto me gusta la forma de escribir de Margaret Atwood, ese símil de una mujer bronceándose con un trozo de carne a la parrilla bien untuosa y grasienta… enseñar espalda, hombros, piernas y las Tías no llegan más allá, pero ¿por qué no decirlo? incluso las tetas y todo el cuerpo con esas perversiones llamadas toples (así lo recoge el DRAE) o naturismo… Enseñar y captar rayos del sol, tostarse, abandonar el color de encierro, de tarea de oficina, de topos que sólo se mueven de la madriguera de su casa a la madriguera del trabajo y ocasionalmente a otras madrigueras de ocio.

Que España, uno de los países más meridionales de Europa y a tiro de piedra del continente africano, sea un lugar donde se estén dando cada vez más casos de carencia de vitamina D, la vitamina del sol, nos puede dar una idea de en qué tipo de raza humana nos terminaremos convirtiendo, seres subterráneos, medrosos con el astro que nos da la vida, sin deseo de explorar lo que hay más allá de la cueva, aunque ahora las cavernas se llamen apartamentos, edificios inteligentes, centros comerciales, centros de negocio, … Meros topillos con sus desplazamientos de topillos, sea de garaje a garaje o de estación a estación; con ojos de topillos que protegemos con sofisticadas gafas de sol que tiñen la realidad de colores sombríos; con pieles de topillo que prevenimos con números muy altos de factores de protección solar…. Hasta en las civilizadas cárceles modernas los reclusos tienen derecho a salir al patio una hora diaria y disfrutar del aire libre ¿Cuántos de los niños, jóvenes y adultos de las sociedades actuales no tienen este privilegio en su vida de inframundo diaria? Nos escudamos del sol y no nos resguardamos de esa capa de contaminación que sobrevuela nuestras cabezas; nos cuidamos la piel y no preservamos nuestros pulmones… curiosa raza humana de principios del siglo XXI dando la espalda a la vida y agasajando a la muerte que hemos dado en llamar progreso.

El único problema del sol es que en esta vida instantánea donde todo tiene que ser súbito, los bronceados se convierten en acuciantes dada la brevedad de las vacaciones y perdemos todo el respeto a las horas de exposición, a los momentos de mayor intensidad solar, a desprendernos gradualmente de nuestra piel de animales de pasadizos lóbregos para convertirnos paulatinamente en lagartijas exultantes. La rapidez y precipitación es la lacra, no el astro rey, “Sol, antiguo Sol, Padre Inmortal dador de vida y de salud.” (Félix Luna y Ariel Ramírez “Oración al Sol”)


Portadas de 1939 ¡por si nos creíamos modernos!


Para apurar la frase, otra de las muchas contradicciones de la República de Gilead: te cubro y esto es bueno para tu piel y sin embargo no debieras de ser consciente de la importancia de tu tez. Esta forma de inventar excusas.

sábado, 25 de noviembre de 2017

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 9 (2)

 He intentado fraccionar los tres pensamientos que quedaban y me dejaron huella de este capítulo noveno en dos, pero confieso que no he sabido como dividir correctamente, así que al final, aunque largo, he decidido finiquitar el capítulo del tirón y que cada uno deje de leer cuando se aburra.


* “Nolite te bastardes carborundorum… No sabía qué significaba, ni en qué idioma estaba escrito…Sin embargo, se trataba de un mensaje, alguien lo había escrito, lo que de por sí estaba prohibido, y nadie lo había descubierto todavía, excepto yo, a quien iba dirigido. Iba dirigido a quienquiera que llegara después.”

Un mantra, en eso convierte Defred ese “Nolite te bastardes carborundorum”. Aparece inicialmente en el capítulo 9 y he de reconocer que la primera vez que lo leí no me pareció totalmente latín sino una mezcla de lenguas, incluso ese “carborundorum” me sonaba con reminiscencias a conjuro de brujería medieval… quizás ese día tenía la imaginación disparada…

En cualquier caso, me llama la atención el poder de la comunicación escrita: lo escrito siempre queda; se escribe hasta con la prohibición de escribir, se escribe en cualquier superficie y con cualquier instrumento… Se escribe para un futuro lector que se sabe o se desea que exista: quienquiera que llegue después, que es más certero que la próxima ocupante de la habitación; cualquiera que llegue después que tenga las inquietudes de revisar, indagar, averiguar, ponerse en el lugar de otro… Podrían haber pasado unas cuantas Criadas más por allí, pero el mensaje no iba dirigido a ellas; el mensaje pertenecía específicamente a aquellas que tuvieran una sensibilidad similar a la de la que lo lanzó.


* “Me gusta pensar que me comunico con ella, con esa mujer desconocida… Me pregunto quién era o quién es, y qué habrá sido de ella.”

No sé si sólo me pasa a mí o es más general de lo que creo… En ocasiones me descubro mirando ensimismada pequeñas muescas que se hacen en cortezas de árboles o pupitres de colegio o paredes de edificios medio en ruinas o en viejos libros cuya historia desconozco… algunas siglas, o palabras cortas… ¿Quiénes serán quienes las hicieron? ¿En qué momento de su vida? ¿Qué habrá sido de ellos? A veces, de ese pequeño hilo tiro hasta desmadejar toda una historia ficticia de cómo me hubieran gustado que hubieran sido.

En general, me gusta asomarme a través de una mirilla para fantasear con el autor de una obra ¿cómo escribió El Cuento de la Criada Margaret Atwood? Está en Berlín, en Berlín Occidental porque la ciudad aún está dividida por un muro; el mundo aún está dividido en bloques graníticos y entonces aparentemente inexpugnables. Está becada y es primavera, Berlín con su naturaleza exuberante que quizás la ayude a no echar tanto de menos su querida Canadá natal donde pronto regresara. Mientras tanto garabatea a mano un nuevo texto ¿en qué quedará, novela, relato breve, ensayo? Salta de género y en una doble cabriola, también picotea de todos los subgéneros narrativos… Luego transcribirá esas notas en una vieja máquina de escribir, en una estancia algo destartalada, propia de las residencias de paso, que uno no termina de habitar totalmente. Intenta abstraerse cuando las musas le visitan pero la maternidad hace años que irrumpió en su vida y su hija está creciendo y demandando cada vez mayor atención. Aparte de su hija y su familia -¡menos mal que su marido es escritor y comprende las complejidades de la creación literaria!-, es una mujer comprometida y hay tantas batallas que liderar, especialmente las que tienen que ver con el daño al medioambiente; nos estamos cargando el planeta y ella lo sabe: las cucarachas tienen un futuro color de rosa, no así la humanidad… por lo demás, siempre a vueltas con el feminismo, con el dichoso feminismo, que ella concibe como lucha por la igualdad ¿son todas las mujeres buenas por el hecho de ser mujeres? ¿son todos los varones detestables? ¿son las mujeres mejores que los hombres? Es un movimiento que la atrae y la repele a partes iguales, para definirse feminista primero le deberían explicar exactamente qué es feminismo… ¿Cómo demonios va a estar de acuerdo con ese feminismo que la obligaría a defender a Margaret Thatcher? ¿Es preferible respaldar a Thatcher frente a su compatriota Orwell que tan presente ha tenido este año mítico de 1984? Pues no, ella escribirá sobre mujeres buenas y mujeres malas, sobre hombres buenos y hombres malos; sobre mujeres valientes y mujeres acobardadas, sobre hombres valientes y hombres acobardados; sobre mujeres que actúan y otras que se dejan llevar, sobre hombres que actúan y hombres que se dejan llevar….como lo que ve cuando mira a su alrededor; lo que sí tiene claro es que la mujer es protagonista no el accesorio de la trama. En fin, sigue escribiendo, vislumbrando a su vez, a una persona dentro de 30 años leyendo su obra y que la imagine a ella pariendo El Cuento de la Criada.

Sí, es ella, escribiendo El Cuento de la Criada...
El despacho mucho mayor y más carente de libros de lo que yo me figuré.


* “Aquí soy como una criatura, hay ciertas cosas que no se me deben contar. Lo que no sepas no te hará daño; fue su única respuesta (la de Rita).”

Hace unas páginas, Defred se ha sentido tratada como una faena doméstica más por las Marthas de la casa y sin embargo ahora aparece sobreprotegida… Chocante contraposición de conceptos: o bien no se ocupan de sus inquietudes y emociones o bien los tienen tan en cuenta que quieren evitarle cualquier adversidad… No termina de quedar claro cuáles son los sentimientos de Rita y Cora para con ella; echo de menos un desarrollo mayor de estos personajes; en general, me ha faltado un esclarecimiento de cómo viven, sienten y padecen las Marthas y las Econoesposas.

Dejando a un lado esta ausencia de descripción, lo que sí me enganchó de esta frase es la sobreprotección que tiende a confundirse con amor absoluto. Veo a menudo a padres amantísimos que, en lugar de preparar a sus hijos para la aceptación de la derrota y la superación del fracaso, les meten en una burbuja de cuidados, mimos y evasión que les atrofiará como personas. ¿Hacer la vida “más fácil” a una persona es educar? Todo progenitor sabe que su hijo caerá durante sus primeros pasos y sin embargo no por ello les impiden aprender a andar; pues esto que es tan obvio a nivel físico lo estamos contraviniendo a nivel emocional: no dejamos fallar a las personas y aprender de sus errores, no les enseñamos a enfrentarse con el conflicto, con el dilema, con la elección y por supuesto a ser dueños de las consecuencias de sus actos y consecuentes con sus alternativas escogidas… Y empleo ese plural porque esta forma de preservar a los niños y jóvenes se ha extendido desde el ámbito privado al social… Está mal visto reprender a un adolescente, afearle su conducta aunque se trate de un verdadero “pequeño terrorista en potencia”, los niños consentidos están a la orden del día, tanto que hay un verdadero fenómeno cultural de “adults only” donde se expulsa a la familia de hoteles, restaurantes, … que contrasta con el “pet friendly”… nos molestan más los retoños de nuestra propia especie que esos bonitos  animales de compañía con los que no podemos más que intuir una comunicación y un cariño correspondido… Yo no tengo hijos ni sobrinos ni relación con niños o adolescentes y sí convivo con un perro y cuatro gatos, y sin embargo, me preocupan mucho más mis congéneres, ellos son mi futuro, los que van a moldear el mundo en el que voy a vivir en las próximas décadas. Hay que defender la familia, la maternidad, la educación… la culpa de la malcrianza de los nenes es de los padres y seguramente es una culpa por exceso de cariño no por falta de atención o desentendimiento… Quizás si el resto les damos la espalda en lugar de explicarles tranquilamente los que nos inoportuna de las actitudes de sus vástagos, nos encontremos próximamente con guetos geriátricos. En lugar de negarles la entrada a un establecimiento hostelero la norma debería de ser: se admiten niños que no perturben al resto de clientes; si los niños gritan, berrean, sufren rabietas o tienen accesos de ira incontrolables por los padres, serán expulsados sin derecho a reclamación alguna… Porque no todos los padres son iguales y no deberían de pagar justos por pecadores.

Lo que no sabes sí te hace daño… al menos para los amantes de la verdad y el conocimiento ¿No saber que pasó en Auschwitz nos exime de dolor como seres humanos o por el contrario nos completa como personas? La ignorancia no sólo nos deja cojos y tullidos, además alimenta el miedo, la superchería y la especulación. Ocultar la verdad o adornarla nunca debiera de ser una opción… Lo que no se sabe sí hace daño. Y aquí además quiero meter un pequeño apunte político y social porque veo ese paternalismo en líderes mundiales que nos ocultan hechos graves que nos afectan en aras del sosiego… si un meteorito fuera a impactar contra la Tierra en dos meses ¿no tendríamos derecho a saber? Si hay indicadores de que se avecina una grave crisis mundial o una pandemia ¿es admisible que se nos oculten? ¿Tan poco se confiaría en nuestra capacidad como sociedad adulta de reconocer y afrontar los desastres? La ocultación de la verdad nunca es una opción, el derecho a saber es sacrosanto, el pedir y dar explicaciones nunca debe de estar vetado… ¿Nos quieren felices ignorantes, poco pensantes, exentos de crítica y cuestionamientos? La verdad duele, el conocimiento atormenta, la realidad suele mostrarse descarnada y ruda pero la alternativa no es admisible porque por encima de todo hay algo muy real: la verdad te acaba por alcanzar, no la verdad absoluta que dudo mucho que exista, más bien la certeza, lo incuestionable, la confirmación… no hay alfombras tan grandes como para cobijar toneladas de basura bajo ellas.





domingo, 19 de noviembre de 2017

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 9 (1)

* “Mi habitación, entonces. Al fin y al cabo, ha de existir algún espacio que pueda reivindicar como mío, incluso en estos tiempos… que en este momento es una sala de espera: cuando me acuesto se transforma en un dormitorio.”

Llegamos al concepto que ha dado título a los últimos capítulos: “La Sala de Espera”; no es otra que la habitación de Defred que sólo circunstancialmente se convierte en dormitorio… El lugar que Defred reivindica como suyo, con toda la fuerza del verbo reivindicar siendo una mera Criada, es una sala de espera porque ella espera y espera ¿qué espera? ¿qué cambien las cosas? ¿poder conseguir el cuchillo? ¿quedarse embarazada? ¿huir? ¿acostumbrarse? No me queda claro, ni terminando el libro he descubierto cuál era el objetivo de Defred; sí del resto de los personajes, pero ella precisamente se me escapa entre los dedos. Es a la ve simple y compleja, pasiva y activa, combativa y resignada, valiente y timorata… quizás esta sea la grandeza del personaje creado por Margaret Atwood, que sea como sea el lector, en algún momento de la obra, se identifica con la protagonista.

La espera, la dichosa espera que a todos nos castiga en algún momento de la vida. La espera que puede ser esperanzada o desesperante o ambas cosas a la vez… La espera que no es más que la incertidumbre del futuro, la asunción de la fuerza del azar, la diversión de la sorpresa, el desencanto de lo imprevisto… Hace tiempo que tomé una actitud cínica hacia el futuro, haciéndome fuerte ante las variables incontrolables de la existencia, pero reconozco que sólo es una pose ya que en el fondo mientras finjo creer en el carpe diem no dejo de esperar con ansia, en algunos momentos, con verdadera ansiedad, ese futuro ignoto.


* “En esa época, los hombres y las mujeres se probaban mutuamente, como quien se prueba un traje, rechazando lo que no les sentaba bien.”
Genial y muy acertada forma de describir la realidad actual: nos probamos y si no nos sienta bien el traje (la relación) lo desechamos… total, hay muchos atuendos ¿por qué limitarnos a uno sólo? ¿por qué conservar ese trapo viejo que tanta ilusión nos hizo conseguir antaño? ¿por qué no variar, no cambiar, no innovar, no probar otro estilo? El único problema que yo veo es que los vestidos no tienen sentimientos y las personas sí. Probarse trajes es fantástico, probarse relaciones sólo debería estar permitido si la pareja sabe, comprende y acepta la falta de compromiso… y ya no digamos nada cuando hablamos de “los complementos de la moda”, los hijos, porque ellos quizás algún día nos demanden una explicación de porqué les hicimos combinar con otros atavíos que nos les sentaban tan bien como el vestuario habitual y conocido


* “Pensábamos que teníamos problemas. ¿Cómo íbamos a saber que éramos felices?”

He de confesar que pasé largo tiempo meditando esta frase “Pensábamos que teníamos problemas. ¿Cómo íbamos a saber que éramos felices?” Y sí, la verdad es que la felicidad simplemente se descubre cuando ha pasado… mientras que dura, no somos capaces de evitar el sentir insatisfacción y centrarnos en nimias contrariedades del día a día… ¡Ay, si alguien me hubiera descubierto las complicaciones que me traería la vida más allá de los 18 años! Los pensamientos oscuros que se enquistarían en mi cerebro, los temores que asaltarían mi alma, las dudas y desengaños, las traiciones y los abandonos… Y lo que es más importante, que alguien me hubiera descubierto en la juventud que todo ello me haría más fuerte, más humana, crecer como persona y enfrentarme mejor a nuevos retos vitales…Estoy hablando mucho por mí ¿he dicho antes que era una cínica, que recibo al futuro a puerta gayola, sin miedo, aunque amedrentada? Sí, como Defred me reconozco feliz en todas mis épocas pretéritas, a pesar de pensar que tenía problemas, y como Defred, me reconozco incapaz de descubrir la felicidad hasta que la infelicidad auténtica me alcance… y esa, la infelicidad auténtica, la concluyente, la irreversible, aún no me ha llegado y cuando llegue seguro que seguiré esperando que no sea irrevocable… En fin, sea lo que sea lo que venga, la insatisfacción hace que no disfrute plenamente del ahora pero me prepara mejor para el mañana…no se lo recomiendo a nadie… y sin embargo, ese ensimismamiento mental es lo que me hace única: una infeliz, feliz; una suspicaz, confiada; una ilusionada, desengañada; una apática, activa; una indiferente, comprometida; una defraudada, expectante… pura dicotomía, pura bipolaridad, pura vida, puro yo…

jueves, 16 de noviembre de 2017

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 8 (4)

* “El cuchillo que ella (Rita) usa es afilado y brillante, tentador. Me gustaría tener uno como ése…(Rita) envidia mis paseos. En esta casa, todos envidiamos algo a los demás.”

Cuchillo tentador ¿cómo demonios puede ser un cuchillo tentador?  La tentación es sinónimo de atracción, seducción, fascinación… un cuchillo brillante y afilado es lo que desea Defred, el fin, la conclusión, el desenlace… porque no desea ese cuchillo para atacar, para acabar con alguno de los que le han llevado a esa situación… en ningún momento Margaret Atwood nos la presenta como una guerrillera si no más bien como carente del fanatismo necesario para emplear la violencia contra alguien que no sea ella misma.

Una de las Marthas envidia los paseos de la Criada de la misma forma que ésta envidia el utensilio cortante. Curioso mundo se nos plantea donde las ambiciones de las personas, especialmente de las mujeres, son tan simples y al mismo tiempo tan complejoa. En el fondo todas envidian la libertad, no la libertad magnificada, sino la mucho más prosaica autonomía de tener un cuchillo y hacer con él lo que nos venga en gana o bien salir a hacer la compra o a dar un paseo, es decir, la verdadera libertad, la de imaginar y pensar, de proyectarse hacia el futuro, de idear; el privilegio de ser dueños de nuestros propios actos.


* “Para algunos... las cosas no han cambiado tanto.”

Leyendo esta frase no pude menos que recordar a Lampedussa, que todo cambie para que todo se mantenga. Echando un vistazo en rededor del mundo cada vez me pregunto más y más si todo lo que sucede no es una mera sucesión de intentos del Poder por mantener sus status quo porque por muy traumáticas y rupturistas que sean las revoluciones, no me deja de sorprender que efectivamente, para algunos las cosas nunca cambian tanto.


* Rita y Cora "Hablan de mí, como si yo no las oyera. Para ellas soy una faena de la casa, una de tantas.”

Cosificación. Defred ha pasado a ser un mueble más de la cocina. Ocuparse de Defred supone el mismo engorro que pasar la aspiradora o fregar los cacharros.


* "... es el Comandante, y se supone que no debe estar aquí... ¿Estaba invadiendo la habitación? ¿Estaba en mi habitación? He dicho <mi>."


No me impacta tanto que el Comandante vaya a la habitación de la Criada, aunque se supone que no debiera - ¿A alguien le sorprendió, llegado este punto?-, como ese “mi habitación” que a Defred misma le asombra… es que si es “su habitación”, eso quiere decir que ha interiorizado que pertenece a esa casa… Hice un ejercicio mental intentando refrescar la memoria para saber si cuando viajo y voy a hoteles digo “mi habitación” en lugar de “la habitación”… me parece recordar que nunca empleo ese “mi” especialmente porque las estancias son cortas y no llego a considerar esa morada como impregnada de mí. Mi habitación es mi habitación; mi casa es mi casa; lo demás son cuatro paredes, en ocasiones muy confortables, he de reconocer, donde ocasionalmente duermo y hago algo de vida… ¿Y qué tiene mi habitación de especial? Pertenencia. No es que ella me pertenezca si no que yo pertenezco a ella, encajo en ella.

domingo, 12 de noviembre de 2017

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 8 (3)

* La Esposa del Comandante, Serena Joy "En aquellos tiempos... pronunciaba discursos. Y lo hacía bien. Hablaba de lo sagrado que era el hogar, y de que las mujeres debían quedarse en casa. Ella no predicaba con el ejemplo, por cierto... se sacrificaba por el bien de todos... Alguien intentó pegarle un tiro, sin éxito... Otra persona instaló una bomba en su coche, pero explotó demasiado pronto... muchos aseguraban que esa bomba la había puesto ella misma para ganarse la simpatía del público. Así es como fueron empeorando las cosas... Qué furiosa debe de estar, ahora que le han quitado la palabra.”

Margaret Atwood nos da unas pinceladas de Serena Joy antes de que llegase la República de Gilead y, por ende, de una mujer que abogaba por la instauración de ella: hogar, quedarse en casa… Por supuesto que seguramente pensase que habría excepciones, que a ella nunca le quitarían la palabra, lo que me lleva a advertir que es importante luchar por una sociedad donde lo que deseemos sea lo normal, y que nunca queramos convertirnos en la excepcionalidad de las normas; primero porque nadie nos asegura que se respete esa singularidad y, en segundo lugar, y mucho más importante, porque lo que es bueno y correcto para uno mismo deberíamos querer hacerlo extensible al resto.

El tema de los atentados contra Serena, insinuando que alguno fue simulado, no resulta tan sorprendente. No asombra que algún individuo previera lo pernicioso de las propuestas de Serena y quisiera combatirlas con la violencia… En este caso yo siempre digo que a las ideas se las combate con ideas pues: 1) siempre habrá algún vocero dispuesto a ocupar el lugar dejado, y cuanto más fanáticas sean las opiniones, tanto más partidarios incondicionales de defenderlas hasta sus últimas consecuencias aparecerán; y 2) no es bueno la creación de mártires… El martirio por ideas religiosas o por ideología en si no es infame, bien al contrario; la verdadera complicación viene dada porque los mártires, aquellos que se han sacrificado por la causa, pasan a poseer una superioridad moral invulnerable al común de los mortales que no nos sentimos capaces de soportar el martirio… Todos tenemos líneas rojas que no sabemos si seremos capaces de traspasar en la defensa de nuestras ideas y principios: la vida, la libertad, la integridad del cuerpo, … los mártires ya sabemos que han traspasado esas líneas rojas… Tras el primer intento de agresión, quizás se vislumbrase como subiría su popularidad en caso de sufrir más ataques… hay personas dispuestas a manejar como títeres a otras personas, es otra forma de manipulación, que no todo van a ser ideas y teorías, en ocasiones la manipulación es de instintos y sentimientos.


* “No es de los esposos de quienes tenéis que cuidaros... sino de las Esposas... os guardarán rencor. Es natural. Intentad compadecerlas... Intentad apiadaros de ellas. Perdonadlas, porque no saben lo que hacen… Debéis comprender que son mujeres fracasadas. Han sido incapaces de...”

Las Esposas, las que deben de ser compadecidas porque son mujeres fracasadas, merecen compasión y perdón, no saben lo que hacen (lo cual demuestra que se sabe que la actuación de las Esposas es perniciosa); han sido incapaces de … Y no termina la frase, Tía Lydia deja en suspenso esa incapacidad que flota en el ambiente, la incapacidad de gestar y dar a luz, la incapacidad de ser madre de forma natural… Esa es la idea del fracaso de la mujer en el futuro distópico de Margaret Atwood; la mujer sólo tiene un propósito en la vida y si no lo alcanza, fracasa… Da igual lo que ella opine acerca de la maternidad, son indiferentes las causas que motiven “su fracaso”, el resto es accesorio, la mujer no se completa sin la maternidad, es más, ni siquiera creo que se colme con la maternidad ya que siempre será subalterna del hijo, el verdadero hito en la sociedad.



Desde siempre se ha atribuido a la mujer este papel de procreadora y madre como esencia fundamental de la femineidad. Que conste que no opino que sea perjudicial esta forma de pensar. Lo que sí creo que es nocivo es extender la idea de que la mujer que no es madre, sea cual sea la causa, voluntaria o involuntaria, de esa carencia de descendencia, sea considerada una “media-mujer” o una mujer partida, o incompleta, o inconclusa, o mutilada, o truncada… La mujer es una persona completa, como el hombre, y la prole es lo adicional a su esencia, no lo principal.


Sé que estas palabras, leídas por una mujer que sí haya sido madre, provocarán una sonrisa de condescendencia y mentalmente especulará sobre la desdicha de no conocer la “felicidad de tener hijos”. A esa mujer le digo que, efectivamente, tengo la desdicha de no conocer la felicidad de tener Y EDUCAR a hijos propios, pero también tengo la dicha de no conocer el infortunio de tener hijos y que no fuera capaz de acompañarles en su camino para convertirse en buenas personas. Me pareció tal compromiso vital que mi opción personal fue no afrontarla; como era una alternativa y no una obligación, lo hice con responsabilidad; en caso de que la sociedad, el ambiente, los círculos sociales en los que me muevo, me hubieran impelido a ser madre, seguramente habría sido una pésima madre abrumada por la carga impuesta… Hay que dejar elegir para que cada individuo, con esa libertad de escoger, se convierta en lo que está preparado para ser, en este caso, madres realmente comprometidas con su papel y no madres frustradas, hundidas, desengañadas o desacertadas. La maternidad es tan importante, tan valiosa, tan trascendental para mí que no la quiero impuesta, ni sugerida, ni sobrellevada.


jueves, 9 de noviembre de 2017

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 8 (2)

* “Algún día, cuando las cosas mejoren... nadie tendrá que ser una Econoesposa.”

La Econoesposa es realmente la mujer, la que realiza todas las tareas encomendadas a la mujer desde tiempos inmemoriales: son Marthas que se ocupan de la casa, Criadas que gestan y paren a la progenie y Esposas que presentar socialmente.

Cuando las cosas mejoren, ¿nadie querrá ser una Econoesposa? No dudo de que a éstas les gustaría contar con una Martha o dos pero de verdad me cuesta creer que las Econoesposas no se hallen felices de estar exentas de las tensiones que genera la convivencia entre Criada y Esposa… ya se sabe que, en cosas de parejas, tres son multitud y más con los rituales de apareamiento impuestos por el Gobierno de Gilead.


* “La primera es la desconsolada madre... Por el tamaño de la vasija es posible deducir el tiempo que llevaba en el vientre de ella cuando fracasó...”

No elijo esta frase por el dolor que siempre causa ver un recipiente funerario pequeño, sea una vasija o un ataúd… Me subyuga ese “fracasó” y no dejo de preguntarme qué es lo que fracasó ¿el embarazo o la mujer que no llegó a alumbrar a la criatura?


* “A las Econoesposas no les gustamos.”

Las Criadas no gustan al resto de los estamentos femeninos; ninguno de ellos empatiza con ellas, ni tienen reconocimiento social como pilar fundamental en la República de Gilead. Son las “intocables” de la sociedad distópica creada por Atwood. Durante la lectura del libro, confieso que en algunos momentos me dejé llevar por la imaginación de un alternativo “El Cuento de la Esposa”, la descripción de la realidad bajo el prisma de una Esposa… ¿me identificaría tanto con el sufrimiento de Defred o bien me sería más reconocible la angustia de una Esposa que no puede concebir y tiene que compartir a su hombre, la desolación de no sentirse una persona completa, una mujer completa?


* Nick, el Guardián... "Se supone que él no debe hablarme... Algunos lo intentarán... La carne es débil... Ellos no pueden soportarlo... Dios los ha hecho así. Pero a vosotras no os hizo así, os hizo diferentes. Os corresponde a vosotras marcar los límites.”

El redundante “los hombres son así”, esa excusa reiterada con la que se intenta explicar desde la infidelidad, a la promiscuidad o la violación… Suelen ser argumentos muy machistas que no obstante sólo ponen de manifiesto la concepción simplista que tienen de los hombres quienes los emplean, sean hombres o mujeres ¿Es que un hombre no puede dominar sus impulsos sexuales? ¿Acaso no son capaces de anteponer el raciocinio a sus pulsiones? He tenido la suerte de encontrarme con hombres cabales a los que no reconozco en las frases de “la carne es débil”, “Dios los ha hecho así”, “ellos no pueden soportarlo”.

Los hombres y las mujeres no somos iguales biológicamente, negar esto sería afirmar que la Tierra no gira alrededor del Sol. Lo que no puedo comprender es que estas diferencias biológicas se trasladen a diferencias sociales y jurídicas. Las mujeres y los hombres no somos iguales, de la misma forma que no todas las mujeres son iguales ni todos los hombres son iguales; sin embargo, se legisla para todos por igual, se les ofrece o debería ofrecerse, los mismos derechos, y se les exige o se les debería de exigir, los mismos deberes.

Cultural e históricamente hemos asistido a la preeminencia del sexo masculino frente al femenino; también hemos presenciado la supremacía de ciertas razas sobre otras, a la preponderancia de la fuerza frente la inteligencia y a la superioridad de la riqueza por encima de la honestidad… La raza humana evoluciona ¡estoy convencida de ello! Y como cada paso nos ha costado un mundo y luchas casi nunca incruentas, es nuestra obligación el preservar lo logrado y no involucionar como sociedad. La forma arcaica de actuar acentuando diferencias biológicas y siendo permisivos o comprensivos con conductas inspiradas en estas disparidades son un retroceso en el avance de la sociedad. Cualquier persona humana debe de supeditar sus instintos al bien común: a todos nos causaría repulsión que un ser humano se coma a otro por mucha hambre que tenga, o para soslayar la temática de “Viven”, a cualquiera nos causaría repulsión que un ser humano mate a otro para comérselo. De la misma forma debiéramos sentir aversión por el ser humano que abuse de otro ser humano aludiendo a su apetito sexual… y aviso para esos jueces rancios que indican como eximente o atenuante la vestimenta o la actitud de una mujer frente a una agresión sexual, si algún día tienen que juzgar un caso de canibalismo, espero ver como explican que la víctima estaba muy rolliza y que pasearse frente a una persona con apetito exhibiendo sus lorzas era toda una provocación… ahí lo dejo, el delito es el delito, la víctima es la víctima, y no debemos mezclar churras con merinas, es decir, no hay que culpabilizar a la víctima ni victimizar al delincuente…