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sábado, 25 de noviembre de 2017

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 9 (2)

 He intentado fraccionar los tres pensamientos que quedaban y me dejaron huella de este capítulo noveno en dos, pero confieso que no he sabido como dividir correctamente, así que al final, aunque largo, he decidido finiquitar el capítulo del tirón y que cada uno deje de leer cuando se aburra.


* “Nolite te bastardes carborundorum… No sabía qué significaba, ni en qué idioma estaba escrito…Sin embargo, se trataba de un mensaje, alguien lo había escrito, lo que de por sí estaba prohibido, y nadie lo había descubierto todavía, excepto yo, a quien iba dirigido. Iba dirigido a quienquiera que llegara después.”

Un mantra, en eso convierte Defred ese “Nolite te bastardes carborundorum”. Aparece inicialmente en el capítulo 9 y he de reconocer que la primera vez que lo leí no me pareció totalmente latín sino una mezcla de lenguas, incluso ese “carborundorum” me sonaba con reminiscencias a conjuro de brujería medieval… quizás ese día tenía la imaginación disparada…

En cualquier caso, me llama la atención el poder de la comunicación escrita: lo escrito siempre queda; se escribe hasta con la prohibición de escribir, se escribe en cualquier superficie y con cualquier instrumento… Se escribe para un futuro lector que se sabe o se desea que exista: quienquiera que llegue después, que es más certero que la próxima ocupante de la habitación; cualquiera que llegue después que tenga las inquietudes de revisar, indagar, averiguar, ponerse en el lugar de otro… Podrían haber pasado unas cuantas Criadas más por allí, pero el mensaje no iba dirigido a ellas; el mensaje pertenecía específicamente a aquellas que tuvieran una sensibilidad similar a la de la que lo lanzó.


* “Me gusta pensar que me comunico con ella, con esa mujer desconocida… Me pregunto quién era o quién es, y qué habrá sido de ella.”

No sé si sólo me pasa a mí o es más general de lo que creo… En ocasiones me descubro mirando ensimismada pequeñas muescas que se hacen en cortezas de árboles o pupitres de colegio o paredes de edificios medio en ruinas o en viejos libros cuya historia desconozco… algunas siglas, o palabras cortas… ¿Quiénes serán quienes las hicieron? ¿En qué momento de su vida? ¿Qué habrá sido de ellos? A veces, de ese pequeño hilo tiro hasta desmadejar toda una historia ficticia de cómo me hubieran gustado que hubieran sido.

En general, me gusta asomarme a través de una mirilla para fantasear con el autor de una obra ¿cómo escribió El Cuento de la Criada Margaret Atwood? Está en Berlín, en Berlín Occidental porque la ciudad aún está dividida por un muro; el mundo aún está dividido en bloques graníticos y entonces aparentemente inexpugnables. Está becada y es primavera, Berlín con su naturaleza exuberante que quizás la ayude a no echar tanto de menos su querida Canadá natal donde pronto regresara. Mientras tanto garabatea a mano un nuevo texto ¿en qué quedará, novela, relato breve, ensayo? Salta de género y en una doble cabriola, también picotea de todos los subgéneros narrativos… Luego transcribirá esas notas en una vieja máquina de escribir, en una estancia algo destartalada, propia de las residencias de paso, que uno no termina de habitar totalmente. Intenta abstraerse cuando las musas le visitan pero la maternidad hace años que irrumpió en su vida y su hija está creciendo y demandando cada vez mayor atención. Aparte de su hija y su familia -¡menos mal que su marido es escritor y comprende las complejidades de la creación literaria!-, es una mujer comprometida y hay tantas batallas que liderar, especialmente las que tienen que ver con el daño al medioambiente; nos estamos cargando el planeta y ella lo sabe: las cucarachas tienen un futuro color de rosa, no así la humanidad… por lo demás, siempre a vueltas con el feminismo, con el dichoso feminismo, que ella concibe como lucha por la igualdad ¿son todas las mujeres buenas por el hecho de ser mujeres? ¿son todos los varones detestables? ¿son las mujeres mejores que los hombres? Es un movimiento que la atrae y la repele a partes iguales, para definirse feminista primero le deberían explicar exactamente qué es feminismo… ¿Cómo demonios va a estar de acuerdo con ese feminismo que la obligaría a defender a Margaret Thatcher? ¿Es preferible respaldar a Thatcher frente a su compatriota Orwell que tan presente ha tenido este año mítico de 1984? Pues no, ella escribirá sobre mujeres buenas y mujeres malas, sobre hombres buenos y hombres malos; sobre mujeres valientes y mujeres acobardadas, sobre hombres valientes y hombres acobardados; sobre mujeres que actúan y otras que se dejan llevar, sobre hombres que actúan y hombres que se dejan llevar….como lo que ve cuando mira a su alrededor; lo que sí tiene claro es que la mujer es protagonista no el accesorio de la trama. En fin, sigue escribiendo, vislumbrando a su vez, a una persona dentro de 30 años leyendo su obra y que la imagine a ella pariendo El Cuento de la Criada.

Sí, es ella, escribiendo El Cuento de la Criada...
El despacho mucho mayor y más carente de libros de lo que yo me figuré.


* “Aquí soy como una criatura, hay ciertas cosas que no se me deben contar. Lo que no sepas no te hará daño; fue su única respuesta (la de Rita).”

Hace unas páginas, Defred se ha sentido tratada como una faena doméstica más por las Marthas de la casa y sin embargo ahora aparece sobreprotegida… Chocante contraposición de conceptos: o bien no se ocupan de sus inquietudes y emociones o bien los tienen tan en cuenta que quieren evitarle cualquier adversidad… No termina de quedar claro cuáles son los sentimientos de Rita y Cora para con ella; echo de menos un desarrollo mayor de estos personajes; en general, me ha faltado un esclarecimiento de cómo viven, sienten y padecen las Marthas y las Econoesposas.

Dejando a un lado esta ausencia de descripción, lo que sí me enganchó de esta frase es la sobreprotección que tiende a confundirse con amor absoluto. Veo a menudo a padres amantísimos que, en lugar de preparar a sus hijos para la aceptación de la derrota y la superación del fracaso, les meten en una burbuja de cuidados, mimos y evasión que les atrofiará como personas. ¿Hacer la vida “más fácil” a una persona es educar? Todo progenitor sabe que su hijo caerá durante sus primeros pasos y sin embargo no por ello les impiden aprender a andar; pues esto que es tan obvio a nivel físico lo estamos contraviniendo a nivel emocional: no dejamos fallar a las personas y aprender de sus errores, no les enseñamos a enfrentarse con el conflicto, con el dilema, con la elección y por supuesto a ser dueños de las consecuencias de sus actos y consecuentes con sus alternativas escogidas… Y empleo ese plural porque esta forma de preservar a los niños y jóvenes se ha extendido desde el ámbito privado al social… Está mal visto reprender a un adolescente, afearle su conducta aunque se trate de un verdadero “pequeño terrorista en potencia”, los niños consentidos están a la orden del día, tanto que hay un verdadero fenómeno cultural de “adults only” donde se expulsa a la familia de hoteles, restaurantes, … que contrasta con el “pet friendly”… nos molestan más los retoños de nuestra propia especie que esos bonitos  animales de compañía con los que no podemos más que intuir una comunicación y un cariño correspondido… Yo no tengo hijos ni sobrinos ni relación con niños o adolescentes y sí convivo con un perro y cuatro gatos, y sin embargo, me preocupan mucho más mis congéneres, ellos son mi futuro, los que van a moldear el mundo en el que voy a vivir en las próximas décadas. Hay que defender la familia, la maternidad, la educación… la culpa de la malcrianza de los nenes es de los padres y seguramente es una culpa por exceso de cariño no por falta de atención o desentendimiento… Quizás si el resto les damos la espalda en lugar de explicarles tranquilamente los que nos inoportuna de las actitudes de sus vástagos, nos encontremos próximamente con guetos geriátricos. En lugar de negarles la entrada a un establecimiento hostelero la norma debería de ser: se admiten niños que no perturben al resto de clientes; si los niños gritan, berrean, sufren rabietas o tienen accesos de ira incontrolables por los padres, serán expulsados sin derecho a reclamación alguna… Porque no todos los padres son iguales y no deberían de pagar justos por pecadores.

Lo que no sabes sí te hace daño… al menos para los amantes de la verdad y el conocimiento ¿No saber que pasó en Auschwitz nos exime de dolor como seres humanos o por el contrario nos completa como personas? La ignorancia no sólo nos deja cojos y tullidos, además alimenta el miedo, la superchería y la especulación. Ocultar la verdad o adornarla nunca debiera de ser una opción… Lo que no se sabe sí hace daño. Y aquí además quiero meter un pequeño apunte político y social porque veo ese paternalismo en líderes mundiales que nos ocultan hechos graves que nos afectan en aras del sosiego… si un meteorito fuera a impactar contra la Tierra en dos meses ¿no tendríamos derecho a saber? Si hay indicadores de que se avecina una grave crisis mundial o una pandemia ¿es admisible que se nos oculten? ¿Tan poco se confiaría en nuestra capacidad como sociedad adulta de reconocer y afrontar los desastres? La ocultación de la verdad nunca es una opción, el derecho a saber es sacrosanto, el pedir y dar explicaciones nunca debe de estar vetado… ¿Nos quieren felices ignorantes, poco pensantes, exentos de crítica y cuestionamientos? La verdad duele, el conocimiento atormenta, la realidad suele mostrarse descarnada y ruda pero la alternativa no es admisible porque por encima de todo hay algo muy real: la verdad te acaba por alcanzar, no la verdad absoluta que dudo mucho que exista, más bien la certeza, lo incuestionable, la confirmación… no hay alfombras tan grandes como para cobijar toneladas de basura bajo ellas.





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