* “Ella
me dijo que íbamos a dar de comer a los patos. Pero había algunas mujeres
quemando libros… Había también algunos hombres, y vi que en lugar de libros
quemaban revistas…Parecían felices, casi en éxtasis. Eso lo provoca el fuego.”
* “La
mujer me entregó una de las revistas. En ella vi a una mujer bonita, sin ropa,
colgada del techo con una cadena atada a las manos… Creí que se estaba
columpiando, como hacía Tarzán con las lianas en la televisión.”
Odio este episodio, odio la quema de cualquier
publicación, aunque sea pornográfica porque: 1) ¿Quién decide qué es pasto de
las llamas y qué no? ¿Quemarían ”El amante de Lady Chatterley”, “Amor,
curiosidad, prozac y dudas”, “Las edades de Lulú” o “Plataforma”? y 2) Una vez
abierta la veda ¿cómo aseguramos que no quememos otro tipo de obras? ¿No habría
acaso , alguien tentado de quemar una Biblia, un Corán o la Torá? ¿Qué suerte
podrían correr “Mein Kampf”, “El Libro Rojo de Mao”, “El Capital” de Marx o “La
Riqueza de las Naciones” de Adam Smith? A las ideas se las combate con ideas no
con fuego… Incluso las revistas pornográficas tienen el suficiente valor para
ser salvadas.
He comprobado que en algunas ocasiones sí hubo
piras contra la pornografía y, y aquí viene lo malo, contra “publicaciones
corruptoras” y aprovecharon para incluir a García Márquez, Rousseau, Marx y una
Biblia (Bucaramanga, Colombia, 13 de mayo de 1978).
No quisiera dejar de comentar la última frase:
“Creí que se estaba columpiando, como hacía Tarzán…” que viene a demostrar que,
en muchas ocasiones, el mensaje es sucio dependiendo del receptor… una niña no
veía a una mujer vejada, ni era capaz de vislumbrar la mercantilización del
cuerpo femenino, no percibía ninguna obscenidad… sólo se acordaba de Tarzán en
la selva ¡curioso!
* “Los
que pueden creer que estas historias son sólo cuentos tienen mejores
posibilidades. Si esto es un cuento que estoy contando, entonces puedo decidir
el final… Esto no es un cuento que estoy contando.”
Defred reafirma el valor testimonial de su
historia, no es ficticia si no verídica… Rascando un poco en la frase, destila
el conformismo con el presente, frente a la trascendencia del futuro… ella
querría “decidir el final”.
* “Contando,
y no escribiendo, porque no tengo con qué escribir y, de todos modos, escribir
está prohibido.”
Apunte en las primeras páginas de que lo que
estamos leyendo no está escrito, si se me permite el oxímoron… Escribir suele
ser un acto subversivo que los poderes totalitarios quieren cercenar; escribir
es incluso más peligroso que pensar, ya que supone haber pensado y haberlo
plasmado; la escritura sobrepasa el espacio y el tiempo, da la posibilidad de
comunicarse con personas que no comparten tu ubicación y que pueden no haber
nacido todavía… lo escrito perdura y, además, sobrevive tal y como lo expresó
el autor, limitando en mucho el ruido del mensaje verbal. Me gusta escribir, me
gusta escribir aunque no me lean, es una liberación del espíritu, es una
prolongación de mi ser, es la espita de mi cerebro, el rastro, la huella, lo
intrínsecamente mío.
* “…
tengo que contárselo a alguien. Nadie se cuenta un cuento a sí mismo. Siempre
hay otra persona. Querido, diría… Querido puede ser cualquiera… Haré como si me
oyeras.”
Y llegamos al
destinatario de la comunicación, porque cualquiera que lanza una palabra desea
que sea escuchada, pero lo complicado de Defred es desconocer quien aprehenderá
su soliloquio… El anhelo de contar, de dar fe, de atestiguar es superior a la
ingenuidad de hablar para nadie… Algunos lo superamos admitiendo que “hablamos
solos” pues como decía Machado: ”Converso con el hombre que siempre va conmigo
-quien habla solo espera hablar a Dios un día-.”


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