* “Ahora estas
canciones (himno presbiteriano) no se entonan en público, sobre todo si
contienen palabras como <liberado>; se las considera demasiado
peligrosas. Pertenecen a las sectas proscritas.”
Liberado es más peligroso que libre;
alguien se ha desprendido de aquello que lo sometía u oprimía; el libre puede
no haber conocido la esclavitud, la prisión, la dominación, el liberado sí por
lo que valorará su libertad mucho más y estará dispuesto a mayores sacrificios
para conservarla…
El llamar a los presbiteranos y otras
ramas de la religión cristiana “sectas proscritas” es uno de los giros conceptuales
más radicales de El Cuento de la Criada. En Occidente vivimos tan asentados en
la libertad de culto y especialmente, las diferentes doctrinas cristianas hemos
dejado tan atrás las guerras de religión y la persecución de las herejías, que
no podemos llegar a concebir que las enseñanzas de curas católicos o pastores presbiterianos
sean consideradas delictivas. Parece que ya rebasamos esa parte negra de la
Historia pero Margaret Atwood no nos propone un poder basado en la economía o
en la tecnología, precisamente nos sitúa de nuevo en la Edad Media con una
autoridad moral y religiosa que se inmiscuye en lo que creemos uno de los
pilares de nuestra libertad: el rezar, o no, a quién nos dé la gana, cómo nos
dé la gana y cuándo nos dé la gana.
* “Pero ya no
hay que preocuparse por las quemaduras del sol, decía Tía Lydia. Menudo
espectáculo solían dar las mujeres. Se untaban con aceite como si fueran un
trozo de carne para el asador, e iban por la calle enseñando la espalda y los
hombros, y las piernas, porque ni siquiera llevaban medias… Y no es bueno para
el cutis… Aunque al decir eso olvidaba que nuestro cutis, supuestamente, ya no
debía importarnos.”
No me canso de repetir cuánto me gusta
la forma de escribir de Margaret Atwood, ese símil de una mujer bronceándose
con un trozo de carne a la parrilla bien untuosa y grasienta… enseñar espalda,
hombros, piernas y las Tías no llegan más allá, pero ¿por qué no decirlo? incluso
las tetas y todo el cuerpo con esas perversiones llamadas toples (así lo recoge
el DRAE) o naturismo… Enseñar y captar rayos del sol, tostarse, abandonar el
color de encierro, de tarea de oficina, de topos que sólo se mueven de la
madriguera de su casa a la madriguera del trabajo y ocasionalmente a otras
madrigueras de ocio.
Que España, uno de los países más
meridionales de Europa y a tiro de piedra del continente africano, sea un lugar
donde se estén dando cada vez más casos de carencia de vitamina D, la vitamina
del sol, nos puede dar una idea de en qué tipo de raza humana nos terminaremos
convirtiendo, seres subterráneos, medrosos con el astro que nos da la vida, sin
deseo de explorar lo que hay más allá de la cueva, aunque ahora las cavernas se
llamen apartamentos, edificios inteligentes, centros comerciales, centros de
negocio, … Meros topillos con sus desplazamientos de topillos, sea de garaje a garaje
o de estación a estación; con ojos de topillos que protegemos con sofisticadas
gafas de sol que tiñen la realidad de colores sombríos; con pieles de topillo
que prevenimos con números muy altos de factores de protección solar…. Hasta en
las civilizadas cárceles modernas los reclusos tienen derecho a salir
al patio una hora diaria y disfrutar del aire libre ¿Cuántos de los
niños, jóvenes y adultos de las sociedades actuales no tienen este privilegio
en su vida de inframundo diaria? Nos escudamos del sol y no nos resguardamos de
esa capa de contaminación que sobrevuela nuestras cabezas; nos cuidamos la piel
y no preservamos nuestros pulmones… curiosa raza humana de principios del siglo
XXI dando la espalda a la vida y agasajando a la muerte que hemos dado en
llamar progreso.
El único problema del sol es que en esta
vida instantánea donde todo tiene que ser súbito, los bronceados se convierten
en acuciantes dada la brevedad de las vacaciones y perdemos todo el respeto a
las horas de exposición, a los momentos de mayor intensidad solar, a
desprendernos gradualmente de nuestra piel de animales de pasadizos lóbregos
para convertirnos paulatinamente en lagartijas exultantes. La rapidez y
precipitación es la lacra, no el astro rey, “Sol, antiguo Sol, Padre
Inmortal dador de vida y de salud.” (Félix Luna y Ariel Ramírez “Oración al Sol”)
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Portadas de 1939 ¡por si nos creíamos modernos! |
Para apurar la frase, otra de las muchas
contradicciones de la República de Gilead: te cubro y esto es bueno para tu piel
y sin embargo no debieras de ser consciente de la importancia de tu tez. Esta forma
de inventar excusas.

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