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jueves, 9 de noviembre de 2017

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 8 (2)

* “Algún día, cuando las cosas mejoren... nadie tendrá que ser una Econoesposa.”

La Econoesposa es realmente la mujer, la que realiza todas las tareas encomendadas a la mujer desde tiempos inmemoriales: son Marthas que se ocupan de la casa, Criadas que gestan y paren a la progenie y Esposas que presentar socialmente.

Cuando las cosas mejoren, ¿nadie querrá ser una Econoesposa? No dudo de que a éstas les gustaría contar con una Martha o dos pero de verdad me cuesta creer que las Econoesposas no se hallen felices de estar exentas de las tensiones que genera la convivencia entre Criada y Esposa… ya se sabe que, en cosas de parejas, tres son multitud y más con los rituales de apareamiento impuestos por el Gobierno de Gilead.


* “La primera es la desconsolada madre... Por el tamaño de la vasija es posible deducir el tiempo que llevaba en el vientre de ella cuando fracasó...”

No elijo esta frase por el dolor que siempre causa ver un recipiente funerario pequeño, sea una vasija o un ataúd… Me subyuga ese “fracasó” y no dejo de preguntarme qué es lo que fracasó ¿el embarazo o la mujer que no llegó a alumbrar a la criatura?


* “A las Econoesposas no les gustamos.”

Las Criadas no gustan al resto de los estamentos femeninos; ninguno de ellos empatiza con ellas, ni tienen reconocimiento social como pilar fundamental en la República de Gilead. Son las “intocables” de la sociedad distópica creada por Atwood. Durante la lectura del libro, confieso que en algunos momentos me dejé llevar por la imaginación de un alternativo “El Cuento de la Esposa”, la descripción de la realidad bajo el prisma de una Esposa… ¿me identificaría tanto con el sufrimiento de Defred o bien me sería más reconocible la angustia de una Esposa que no puede concebir y tiene que compartir a su hombre, la desolación de no sentirse una persona completa, una mujer completa?


* Nick, el Guardián... "Se supone que él no debe hablarme... Algunos lo intentarán... La carne es débil... Ellos no pueden soportarlo... Dios los ha hecho así. Pero a vosotras no os hizo así, os hizo diferentes. Os corresponde a vosotras marcar los límites.”

El redundante “los hombres son así”, esa excusa reiterada con la que se intenta explicar desde la infidelidad, a la promiscuidad o la violación… Suelen ser argumentos muy machistas que no obstante sólo ponen de manifiesto la concepción simplista que tienen de los hombres quienes los emplean, sean hombres o mujeres ¿Es que un hombre no puede dominar sus impulsos sexuales? ¿Acaso no son capaces de anteponer el raciocinio a sus pulsiones? He tenido la suerte de encontrarme con hombres cabales a los que no reconozco en las frases de “la carne es débil”, “Dios los ha hecho así”, “ellos no pueden soportarlo”.

Los hombres y las mujeres no somos iguales biológicamente, negar esto sería afirmar que la Tierra no gira alrededor del Sol. Lo que no puedo comprender es que estas diferencias biológicas se trasladen a diferencias sociales y jurídicas. Las mujeres y los hombres no somos iguales, de la misma forma que no todas las mujeres son iguales ni todos los hombres son iguales; sin embargo, se legisla para todos por igual, se les ofrece o debería ofrecerse, los mismos derechos, y se les exige o se les debería de exigir, los mismos deberes.

Cultural e históricamente hemos asistido a la preeminencia del sexo masculino frente al femenino; también hemos presenciado la supremacía de ciertas razas sobre otras, a la preponderancia de la fuerza frente la inteligencia y a la superioridad de la riqueza por encima de la honestidad… La raza humana evoluciona ¡estoy convencida de ello! Y como cada paso nos ha costado un mundo y luchas casi nunca incruentas, es nuestra obligación el preservar lo logrado y no involucionar como sociedad. La forma arcaica de actuar acentuando diferencias biológicas y siendo permisivos o comprensivos con conductas inspiradas en estas disparidades son un retroceso en el avance de la sociedad. Cualquier persona humana debe de supeditar sus instintos al bien común: a todos nos causaría repulsión que un ser humano se coma a otro por mucha hambre que tenga, o para soslayar la temática de “Viven”, a cualquiera nos causaría repulsión que un ser humano mate a otro para comérselo. De la misma forma debiéramos sentir aversión por el ser humano que abuse de otro ser humano aludiendo a su apetito sexual… y aviso para esos jueces rancios que indican como eximente o atenuante la vestimenta o la actitud de una mujer frente a una agresión sexual, si algún día tienen que juzgar un caso de canibalismo, espero ver como explican que la víctima estaba muy rolliza y que pasearse frente a una persona con apetito exhibiendo sus lorzas era toda una provocación… ahí lo dejo, el delito es el delito, la víctima es la víctima, y no debemos mezclar churras con merinas, es decir, no hay que culpabilizar a la víctima ni victimizar al delincuente…

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