* “Por
supuesto, en los periódicos aparecían noticias: cadáveres en las zanjas o en el
bosque, mujeres asesinadas a palos o mutiladas, mancilladas, solían decir; pero
eran noticias sobre otras mujeres, y los hombres que hacían semejantes cosas
eran otros hombres.”
Noticias sobre otras mujeres y otros hombres; en
nuestra burbuja siempre nos parece que “eso”, lo que sea, lo terrible, lo
extraordinario, lo inusual, les pasa a otros y lo hacen otros… Y por ello, nos
dejamos de sentir comunidad, enterrando la empatía a varios metros bajo tierra;
no es el típico “salvar tu culo”, eso puede ser compresible: anteponer las
necesidades y exigencias de cada uno a las del resto. Va más allá, es el no
sentir a los demás, al resto, como parte integrante de nuestra realidad; son
“otros”, extraños, raros, ajenos, inconcebibles… una realidad ignota para
nosotros cuando a poco que escarbes descubres a otro ser humano movido por las
mismas pasiones humanas que te mueven a ti y a los que te rodean.
* El
Comandante “Tiene el cabello gris. Plateado debería decir para ser amable. Pero
no tengo ganas de ser amable. El anterior era calvo, de modo que supongo que
éste representa todo un progreso.”
Me gusta ese “Plateado debería decir para ser amable”
porque es cierto que hay palabras que significando lo mismo suenan menos
ofensivas: anciano frente a viejo, corpulento frente a gordo… En esta era del
lenguaje políticamente correcto hay que esforzarse mucho por ser amable y así
nos vemos llamando técnicos de residuos urbanos a los basureros; y yo me
pregunto ¿qué tiene de malo la palabra “basurero”? ¿no se trata de una
profesión muy digna y muy honrada? Entendería el sentirse ofendido por ser
llamado ladrón o asesino, pero ¿basurero? ¿por qué alguien, dedicándose a la
“gestión de residuos urbanos”, se siente vejado por ser llamado basurero? Pero
esto no es nuevo, ya Víctor Hugo en “Los Miserables” (1862) dedica una larga
parrafada al neolenguaje, admirándose de que al boticario se le llame farmacéutico.
Y hablando de neolenguas y hablando de distopías,
no puedo por menos que recordar al Partido Único de 1984 que convierte la
lengua en un medio de control de masas, en un arma ideológica… Y hay que estar
atentos a las palabras que eligen periodistas, intelectuales y líderes
mundiales para transmitirnos sus ideas: “migrantes” en lugar de “refugiados”,
“tropas de paz” gran oxímoron, “ajuste del gasto” por “recortes”, “radical”
como sinónimo de “fanático”, “populista” equivalente a “demagogo”… son matices,
pequeñas variantes semánticas, apenas perceptibles, que nos llevan a modificar
poco a poco nuestro pensamiento para describir la realidad que nos rodea, se
instala en nuestros cerebros y nos convierte en pensantes minusválidos.
Para rematar esta frase y a modo de anécdota
¿supone un progreso tener una cabellera encanecida a ser calvo? Toda obra tiene
una pizca de secretos del autor de la que no es consciente o ni siquiera
querría revelar….
Y en este caso me causó simpatía descubrir que Margaret
Atwood siente algo de animosidad por la alopecia o no, porque su cónyuge era
calvo ya en la década de los 80, quizás se trate de una pequeña broma marital…
en cualquier caso, resulta atrevido afirmar que es un progreso tener pelo a no
tenerlo… y estoy pensando en Yul Brynner, en Zinedine Zidane, en Sinead
O’Connor, en Ben Kingsley, en Ed Harris o en Sean Connery, personas que han
lucido su falta de pelo más o menos voluntaria, más o menos evidente, más o
menos temprana con gran gallardía.
* “Debería
odiar a este hombre. Sé que debería, pero no es lo que siento. Lo que siento es
más complicado. No sé cómo llamarlo. No es amor.”
Los sentimientos son tan difíciles de describir.
Los sentimientos son tan particulares, tan íntimos, tan subjetivos que parece complicado
definir alguno de una forma general ¿Qué es el odio? ¿Qué el amor o la ira?
Defred no sabe describir los sentimientos que le inspira El Comandante. Lo que
sabe es exponernos lo que no siente: no es odio ni es amor… y entre el odio y
el amor, en toda la gradación de atracción y repulsión que nos pueda causar una
persona, es donde situamos lo que Defred siente por él. ¿Qué fácil sería si
algún día inventáramos una escala como la de la dureza de los minerales para
describir las emociones humanas! ¡Cuántos malos entendidos entre parejas,
amigos, familiares, evitaríamos! Hasta que no la tengamos, lo mejor que
podremos hacer en nuestras relaciones es comunicarnos, diciendo y preguntando,
y estar muy atento a lo que los silencios nos quieren decir… Para mí amar es
reconocer al otro, reconocerlo íntimamente, anticipar lo que la otra persona
quiere, no quiere, le gusta o le disgusta... seguro que para otras personas
este “intento” de definición de amor es una auténtica tontería.

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