Encuentro virtual de lectores para pensar en voz alta.

jueves, 7 de diciembre de 2017

IV. LA SALA DE ESPERA: CAPÍTULO 10 (3)

* “Por supuesto, en los periódicos aparecían noticias: cadáveres en las zanjas o en el bosque, mujeres asesinadas a palos o mutiladas, mancilladas, solían decir; pero eran noticias sobre otras mujeres, y los hombres que hacían semejantes cosas eran otros hombres.”

Noticias sobre otras mujeres y otros hombres; en nuestra burbuja siempre nos parece que “eso”, lo que sea, lo terrible, lo extraordinario, lo inusual, les pasa a otros y lo hacen otros… Y por ello, nos dejamos de sentir comunidad, enterrando la empatía a varios metros bajo tierra; no es el típico “salvar tu culo”, eso puede ser compresible: anteponer las necesidades y exigencias de cada uno a las del resto. Va más allá, es el no sentir a los demás, al resto, como parte integrante de nuestra realidad; son “otros”, extraños, raros, ajenos, inconcebibles… una realidad ignota para nosotros cuando a poco que escarbes descubres a otro ser humano movido por las mismas pasiones humanas que te mueven a ti y a los que te rodean.


* El Comandante “Tiene el cabello gris. Plateado debería decir para ser amable. Pero no tengo ganas de ser amable. El anterior era calvo, de modo que supongo que éste representa todo un progreso.”

Me gusta ese “Plateado debería decir para ser amable” porque es cierto que hay palabras que significando lo mismo suenan menos ofensivas: anciano frente a viejo, corpulento frente a gordo… En esta era del lenguaje políticamente correcto hay que esforzarse mucho por ser amable y así nos vemos llamando técnicos de residuos urbanos a los basureros; y yo me pregunto ¿qué tiene de malo la palabra “basurero”? ¿no se trata de una profesión muy digna y muy honrada? Entendería el sentirse ofendido por ser llamado ladrón o asesino, pero ¿basurero? ¿por qué alguien, dedicándose a la “gestión de residuos urbanos”, se siente vejado por ser llamado basurero? Pero esto no es nuevo, ya Víctor Hugo en “Los Miserables” (1862) dedica una larga parrafada al neolenguaje, admirándose de que al boticario se le llame farmacéutico.

Y hablando de neolenguas y hablando de distopías, no puedo por menos que recordar al Partido Único de 1984 que convierte la lengua en un medio de control de masas, en un arma ideológica… Y hay que estar atentos a las palabras que eligen periodistas, intelectuales y líderes mundiales para transmitirnos sus ideas: “migrantes” en lugar de “refugiados”, “tropas de paz” gran oxímoron, “ajuste del gasto” por “recortes”, “radical” como sinónimo de “fanático”, “populista” equivalente a “demagogo”… son matices, pequeñas variantes semánticas, apenas perceptibles, que nos llevan a modificar poco a poco nuestro pensamiento para describir la realidad que nos rodea, se instala en nuestros cerebros y nos convierte en pensantes minusválidos.

Para rematar esta frase y a modo de anécdota ¿supone un progreso tener una cabellera encanecida a ser calvo? Toda obra tiene una pizca de secretos del autor de la que no es consciente o ni siquiera querría revelar….



Y en este caso me causó simpatía descubrir que Margaret Atwood siente algo de animosidad por la alopecia o no, porque su cónyuge era calvo ya en la década de los 80, quizás se trate de una pequeña broma marital… en cualquier caso, resulta atrevido afirmar que es un progreso tener pelo a no tenerlo… y estoy pensando en Yul Brynner, en Zinedine Zidane, en Sinead O’Connor, en Ben Kingsley, en Ed Harris o en Sean Connery, personas que han lucido su falta de pelo más o menos voluntaria, más o menos evidente, más o menos temprana con gran gallardía.



* “Debería odiar a este hombre. Sé que debería, pero no es lo que siento. Lo que siento es más complicado. No sé cómo llamarlo. No es amor.”

Los sentimientos son tan difíciles de describir. Los sentimientos son tan particulares, tan íntimos, tan subjetivos que parece complicado definir alguno de una forma general ¿Qué es el odio? ¿Qué el amor o la ira? Defred no sabe describir los sentimientos que le inspira El Comandante. Lo que sabe es exponernos lo que no siente: no es odio ni es amor… y entre el odio y el amor, en toda la gradación de atracción y repulsión que nos pueda causar una persona, es donde situamos lo que Defred siente por él. ¿Qué fácil sería si algún día inventáramos una escala como la de la dureza de los minerales para describir las emociones humanas! ¡Cuántos malos entendidos entre parejas, amigos, familiares, evitaríamos! Hasta que no la tengamos, lo mejor que podremos hacer en nuestras relaciones es comunicarnos, diciendo y preguntando, y estar muy atento a lo que los silencios nos quieren decir… Para mí amar es reconocer al otro, reconocerlo íntimamente, anticipar lo que la otra persona quiere, no quiere, le gusta o le disgusta... seguro que para otras personas este “intento” de definición de amor es una auténtica tontería.

No hay comentarios:

Publicar un comentario