* “Me
llevan al médico una vez al mes, para someterme a diversas pruebas…igual que
antes, sólo que ahora es obligatorio.”
Me ayudó esta frase a hacer una reflexión: lo que
hace o deja de hacer la República de Gilead no es en si pernicioso, ir al
médico a someterse a un chequeo médico no es un acto reprobable; lo que es abominable
es la imposición de someterse a ese chequeo médico… Es decir, el examen y la fiscalización
de nuestras acciones, incluso de las más cotidianas: hacerse un chequeo es lo
que hace de este mundo distópico un mundo irrespirable… porque se empieza por conquistar
pequeñas parcelas de la autonomía individual y se termina usurpando lo más
íntimo que posee el ser humano: su libertad sexual.
Y todo ello me lleva a cavilar sobre este mundo que
llaman liberal, y que creemos liberal, y el espacio que estamos dejando para el
libre albedrío, todo regulado en aras de la libertad, todo dirigido en aras de
la convivencia, en definitiva, todas las actuaciones humanas vigiladas, registradas,
examinadas, verificadas… Parece una frase más, “someterse a diversas pruebas
médicas que ahora son obligatorias” y
que sin embargo hemos incorporado a nuestra normalidad social: empresas y
aseguradoras exigen que uno se someta a pruebas médicas rutinarias y no estamos
tan lejos de la República de Gilead, sólo que Defred ha caído en la cuenta de
la diferencia entre sugerir y obligar, entre proponer e imponer; y nosotros ni
siquiera somos conscientes del control al que estamos sometidos.
“Él
no debe hablarme, salvo que sea absolutamente necesario; pero este médico es
muy locuaz.”
Saltarse las normas… Siempre hay alguien, quizás
una multitud, que se saltan las normas.
“Ahora
les toca el turno a mis pechos, que son palpados en busca de señales de
envejecimiento, podredumbre.”
Pechos…señales de envejecimiento, PODREDUMBRE…. Hay
varias cosas en la vida que te dan idea del inexorable paso del tiempo: canas,
arrugas y para las mujeres, por supuesto, los pechos caídos… Claro que hacerse
viejo es más que eso y que no todos envejecemos con la misma facilidad, pero en
el fondo todos nos pudrimos… ¡Qué acertado ese sustantivo, podredumbre, para recurrir
al paso del tiempo! Putrefacción, cuerpo podrido, descomposición… Quizás si me
apeteciera ser amable diría marchito en lugar de decrépito, pero el resultado
es el mismo: envejecemos que es sinónimo de estropearse, consumirse, ajarse… si
el cuerpo acompañara a la mente, la madurez y la vejez serían estadios fascinantes;
la experiencia y las enseñanzas nos harían invencibles… pero la naturaleza es
sabia y nos dota de nuestros mejores recursos físicos cuando aún no hemos
adquirido las plenas facultades mentales para utilizarlos… así seguimos siendo
simplemente humanos, frágiles, perecederos, efímeros, mortales…
Siempre me gusta recordar la frase de Ingmar
Bergman: ”Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las
fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena” ¡Quiero
seguir escalando hasta la cima!

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