* “La mayor
parte del tiempo estábamos cansadas. Supongo que... nos daban algún tipo de
pastillas... O tal vez no. Quizás fuese el lugar...una vez te habías adaptado,
era mejor permanecer en estado letárgico, y decirte que estabas ahorrando
fuerzas.”
Defred rememora su estancia en “la escuela de Criadas”. Siento admiración
por “estar cansadas” asociado a estar sedadas o permanecer en estado letárgico.
Normalmente el cansancio llega después de una actividad, sea mental o física;
el cansancio es sinónimo de fatiga, de agotamiento, de extenuación y sin
embargo también es sinónimo de tedio, hastío, aburrimiento, desgana… Nunca
había caído en la cuenta de que este concepto significa a la vez acción e
inacción.
* “Ella (Moira)
me vio, pero se volvió; ya había aprendido a no correr riesgos... sólo nos
lanzábamos breves miradas, como quien bebe a sorbos. La amistad provocaba suspicacias...”
Aprender a no correr riesgos, instinto de supervivencia. Breves miradas,
beber a sorbos, preciosa comparación.
* “...estamos
en sesión de Testimonio... Le toca el turno a Janine, que cuenta que a los
catorce años fue violada por una pandilla y tuvo un aborto. La semana pasada
contó lo mismo, y parecía casi orgullosa... En las sesiones de Testimonio es
más seguro inventarse algo que decir que no tienes nada que revelar. Pero ¿de
quién fue la culpa? La culpa es suya, suya, suya... ¿Quién los provocó? Fue
ella, ella, ella. ¿Por qué Dios permitió que ocurriera semejante atrocidad?
Para darle una lección. Para darle una lección. Para darle una lección. La
semana pasada, Janine rompió a llorar... Por un instante, y aunque sabíamos lo
que iban a hacerle, la despreciamos. Llorona. Llorona. Llorona. Y lo peor es
que lo decíamos en serio. Yo solía tener un buen concepto de mí misma. Pero en
aquel momento no. Esta semana, Janine no espera a que la insultemos. Fue culpa
mía, dice. Sólo mía. Yo los incité. Me merecía todo ese sufrimiento.”
Para mí este es uno de los pasajes más intensos de El Cuento de la Criada,
las sesiones de Testimonio de Janine, porque son dos: la de “la semana pasada”
donde orgullosamente cuenta como fue violada a los catorce años y todo el grupo
se le vuelve en contra hasta hacerle llorar: la culpa es de la víctima, la
víctima provoca lo que le ha sucedido y por supuesto se espera que se saque una
lección de todo ello; la víctima es despreciada y vilipendiada… En la segunda
sesión de Testimonio, Janine ya ha aprendido la lección, ya ha interiorizado la
culpa y de esa forma el criminal queda sin castigo pues si deja de ser
culpable, no hay razón para una condena… Y es curioso, porque desde hace mucho
tiempo se viene persiguiendo esta idea de culpabilizar a la víctima; en una
violación necesitamos contar con los elementos de cómo se ha comportado la
víctima para decidir cuánta credibilidad le prestamos ¿cómo iba vestida? ¿qué
hacía por ese lugar? ¿se resistió? Pero por poner ejemplos más livianos, si te
roban la cartera en el autobús, automáticamente todo el mundo querrá saber si
habías puesto todas las medidas de seguridad: bolso cerrado, prestando atención
a manos ajenas, bien agarrado debajo del brazo…. ¿por qué? El robo de la
cartera es el acto criminal, no el que uno sea más o menos despistado o
confiado; lo que está mal, está mal -el robo-, y lo otro son intentos por hacer
parecer al criminal menos culpable. Hay que actuar correctamente, signifique
esto lo que signifique para cada uno, por principios no por falta de
oportunidad para actuar incorrectamente.
Hay un hecho de Defred que me gusta especialmente en este párrafo: se
reconoce como mala persona, o bien reconoce que en un momento determinado ha
actuado mal: “Yo solía tener un buen concepto de mí misma. Pero en aquel
momento no.” Es muy difícil reconocer los errores de uno mismo; siempre
tendemos a cargarnos de razones para disculpar nuestras malas actuaciones, es
como si necesitáramos defendernos ante nosotros mismo. Defred, no; Defred asume
que un momento dado no actuó bien. Me encanta esa valentía que en ocasiones yo
misma intento aplicar a mi vida: no soy perfecta, en ocasiones no actúo bien,
fallo, me equivoco… Es un ejercicio muy sano primero porque un poco de humildad
en la vida nunca viene mal, no vaya a ser que alguna vez nos caigamos del
pedestal donde nos hemos colocado; pero, lo primordial, se aprende a perdonar
al otro mejor, y quien habla de perdonar, habla de tolerar, de comprender, de
aprobar…. En definitiva, eres menos exigente con los demás si aprendes a ser menos
exigente contigo misma.

No hay comentarios:
Publicar un comentario