Encuentro virtual de lectores para pensar en voz alta.

domingo, 14 de enero de 2018

V. LA SIESTA: CAPÍTULO 13 (2)

* “La mayor parte del tiempo estábamos cansadas. Supongo que... nos daban algún tipo de pastillas... O tal vez no. Quizás fuese el lugar...una vez te habías adaptado, era mejor permanecer en estado letárgico, y decirte que estabas ahorrando fuerzas.”

Defred rememora su estancia en “la escuela de Criadas”. Siento admiración por “estar cansadas” asociado a estar sedadas o permanecer en estado letárgico. Normalmente el cansancio llega después de una actividad, sea mental o física; el cansancio es sinónimo de fatiga, de agotamiento, de extenuación y sin embargo también es sinónimo de tedio, hastío, aburrimiento, desgana… Nunca había caído en la cuenta de que este concepto significa a la vez acción e inacción.


* “Ella (Moira) me vio, pero se volvió; ya había aprendido a no correr riesgos... sólo nos lanzábamos breves miradas, como quien bebe a sorbos. La amistad provocaba suspicacias...”

Aprender a no correr riesgos, instinto de supervivencia. Breves miradas, beber a sorbos, preciosa comparación.




* “...estamos en sesión de Testimonio... Le toca el turno a Janine, que cuenta que a los catorce años fue violada por una pandilla y tuvo un aborto. La semana pasada contó lo mismo, y parecía casi orgullosa... En las sesiones de Testimonio es más seguro inventarse algo que decir que no tienes nada que revelar. Pero ¿de quién fue la culpa? La culpa es suya, suya, suya... ¿Quién los provocó? Fue ella, ella, ella. ¿Por qué Dios permitió que ocurriera semejante atrocidad? Para darle una lección. Para darle una lección. Para darle una lección. La semana pasada, Janine rompió a llorar... Por un instante, y aunque sabíamos lo que iban a hacerle, la despreciamos. Llorona. Llorona. Llorona. Y lo peor es que lo decíamos en serio. Yo solía tener un buen concepto de mí misma. Pero en aquel momento no. Esta semana, Janine no espera a que la insultemos. Fue culpa mía, dice. Sólo mía. Yo los incité. Me merecía todo ese sufrimiento.”

Para mí este es uno de los pasajes más intensos de El Cuento de la Criada, las sesiones de Testimonio de Janine, porque son dos: la de “la semana pasada” donde orgullosamente cuenta como fue violada a los catorce años y todo el grupo se le vuelve en contra hasta hacerle llorar: la culpa es de la víctima, la víctima provoca lo que le ha sucedido y por supuesto se espera que se saque una lección de todo ello; la víctima es despreciada y vilipendiada… En la segunda sesión de Testimonio, Janine ya ha aprendido la lección, ya ha interiorizado la culpa y de esa forma el criminal queda sin castigo pues si deja de ser culpable, no hay razón para una condena… Y es curioso, porque desde hace mucho tiempo se viene persiguiendo esta idea de culpabilizar a la víctima; en una violación necesitamos contar con los elementos de cómo se ha comportado la víctima para decidir cuánta credibilidad le prestamos ¿cómo iba vestida? ¿qué hacía por ese lugar? ¿se resistió? Pero por poner ejemplos más livianos, si te roban la cartera en el autobús, automáticamente todo el mundo querrá saber si habías puesto todas las medidas de seguridad: bolso cerrado, prestando atención a manos ajenas, bien agarrado debajo del brazo…. ¿por qué? El robo de la cartera es el acto criminal, no el que uno sea más o menos despistado o confiado; lo que está mal, está mal -el robo-, y lo otro son intentos por hacer parecer al criminal menos culpable. Hay que actuar correctamente, signifique esto lo que signifique para cada uno, por principios no por falta de oportunidad para actuar incorrectamente.


Hay un hecho de Defred que me gusta especialmente en este párrafo: se reconoce como mala persona, o bien reconoce que en un momento determinado ha actuado mal: “Yo solía tener un buen concepto de mí misma. Pero en aquel momento no.” Es muy difícil reconocer los errores de uno mismo; siempre tendemos a cargarnos de razones para disculpar nuestras malas actuaciones, es como si necesitáramos defendernos ante nosotros mismo. Defred, no; Defred asume que un momento dado no actuó bien. Me encanta esa valentía que en ocasiones yo misma intento aplicar a mi vida: no soy perfecta, en ocasiones no actúo bien, fallo, me equivoco… Es un ejercicio muy sano primero porque un poco de humildad en la vida nunca viene mal, no vaya a ser que alguna vez nos caigamos del pedestal donde nos hemos colocado; pero, lo primordial, se aprende a perdonar al otro mejor, y quien habla de perdonar, habla de tolerar, de comprender, de aprobar…. En definitiva, eres menos exigente con los demás si aprendes a ser menos exigente contigo misma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario