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domingo, 8 de octubre de 2017

II. LA COMPRA CAPÍTULO 5 (2)

* “En aquel entonces las mujeres no estaban protegidas. Recuerdo las reglas, reglas que no estaban escritas pero que cualquier mujer conocía: No abras la puerta a un extraño…No te pares en la carretera a ayudar a un motorista… Si alguien silba, no te vuelvas a mirar. No entres sola de noche en una lavandería automática.”

Nadie dijo que ser mujer haya sido fácil… “en aquel entonces”, que son estos tiempos, toda mujer tiene presente estas reglas, las cumpla o no, y sin embargo y a pesar de saber perfectamente que podemos ser víctimas de violaciones, muchas de nosotras caminamos por el mundo sin la compañía de un caballero andante… Hay otras reglas, reglas menos preventivas y más defensivas: clases de defensa personal, espráis de pimienta y últimamente las pistolas táser… En definitiva, en un mundo donde un ser humano puede ser víctima de una agresión, la alternativa es protegerse y defenderse… no hay nada malo en ello… quizás, además de protegernos y defendernos, deberíamos ejercer presión para que estos delitos sean duramente castigados; en nuestras manos está el que las violaciones y las penas a violadores sean cada vez mayores… y desde luego, nunca culpabilizar a la víctima: da igual si va con minifalda y sin bragas, o si se hace acompañar por cinco chicos… ¡claro que hay reglas que si no cumples te hacen más vulnerable a sufrir un ataque! Pero el que ataca es “el malo”, nunca la atacada.


* “… mi propio dinero, el dinero que había ganado. Recuerdo cómo era llevar el control del dinero.”

Me detengo especialmente en esta frase porque siempre he pensado que la independencia económica era un puntal indispensable en la consecución de la igualdad entre hombre y mujer: ganar tu propio dinero y llevar el control de él es lo que te hace realmente libre… Lo equiparo a la emancipación de los hijos: la dependencia económica, aunque esté basada en el afecto, desequilibra las relaciones a favor del que tiene el control del dinero… tanto es así que, recomendaría, si alguna mujer se dedica a ser un ama de casa, el establecer un diálogo entre la pareja y que se fije un salario por esta tarea.

El dominio, la verdadera supremacía, tiene dos patas: la fuerza, fuerza física, y los recursos materiales. Toda mujer debe saber luchar contra ambos. Frente  a la fuerza física sólo cabe la denuncia y la huida… y otras argucias tipo las comentadas en párrafos anteriores:  Goliat era más fuerte que David, pero carecía de una honda. Sin embargo, contra la tiranía monetaria solo cabe el alcanzar la autonomía económica… y por supuesto, si ganas dinero, no dejes que nadie te diga cuándo ni cómo ni en qué gastarlo: ES TU DINERO.





1 comentario:

  1. Me he encontrado con este artículo que ofrece resultados interesantes acerca de porqué las mujeres caminamos menos... dentro de que me considero una privilegiada ya que no percibo mi ciudad como especialmente insegura y me suelo mover por barrios poco conflictivos, he de reconocer que en más de una ocasión he preferido coger un transporte público para "evitar" situaciones incómodas... o bien he utilizado un medio de transporte en lugar de otro por motivos de seguridad, hay estaciones de metro con largos pasadizos que no piso a no ser en horas puntas... Mucho camino por recorrer pero insisto, la solución, si la sociedad no nos protege adecuadamente o no hace que nos sintamos seguras en nuestra calle, pasará por autoprotegernos.

    http://www.eldiario.es/theguardian/Pagamos-sentirnos-seguras-mujeres-caminan_0_696081215.html

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