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jueves, 19 de octubre de 2017

II. LA COMPRA: CAPÍTULO 5 (5)


* “Parece que vayan desnudas. Qué poco tiempo han tardado en cambiar nuestra mentalidad con respecto a esta clase de cosas.”

Releí varias veces esta frase; primero para comprobar que efectivamente no había sido un error por mi parte leer ese “han”, y luego para cerciorarme de las connotaciones que tiene el emplear “han tardado” en lugar de “ha tardado”… Me causó una gran conmoción el constatar que ya en 1984 Margarte Atwood, y seguramente muchos como ella, sugería que la percepción de lo políticamente correcto se forja en otras esferas externas a la persona, al individuo.

Últimamente venía observando que hay modas y prácticas globales para dirigirnos hacia determinadas premisas y apartarnos de otras. Por ejemplo, hay un ataque, mejor dicho, yo percibo que hay un ataque a la democracia, algunos proponen una especie de “democracia para intelectuales” (hacer un examen para votar, dicen) mientras que otros, directamente, tiran por tierra resultados totalmente legítimos que arrojan las urnas: el Brexit, la elección de Donald Trump… Dentro de que a mí tampoco me gusta que la gente no vote con cabeza y bien informada, y por supuesto no me agrada demasiado el resultado del Brexit o de las últimas elecciones presidenciales en EE.UU., nunca sería de la opinión de invalidar a los votantes, al contrario, demandaría pedagogía política y exigiría responsabilidades a los políticos que son quienes juegan, se aprovechan y estimulan el discurso demagógico y engañoso. También hay otras tendencias que se están expandiendo rápidamente acerca de una vuelta a la sencillez y despreciar la riqueza y la propiedad, pero claro, esto sólo es válido para las clases medias, ya que a ricos y pobres este discurso no afecta; lo detecto en los nuevos hábitos que nos imponen: economía colaborativa, compartir coche, viajar de sofá en sofá de desconocidos, vuelos low cost… pareciera que tener cosas y disfrutar de pequeños lujos fuera decadente… Sí, efectivamente, es fácil y rápido “cambiar nuestra mentalidad”



* “…¿son felices?, ¿cómo pueden ser felices?... somos un misterio, algo prohibido, los excitamos... A veces, no hablar es igualmente peligroso... <Si, somos muy felices>… ¿Qué otra cosa puedo decir?”

Mucha miga en una treintena de palabras. Por partes, empezamos con la gran pregunta que nos hacemos cuando nos enfrentamos a una cultura y a un modus vivendi totalmente ajeno al nuestro “¿son felices? ¿cómo pueden ser felices?” cuando realmente nos estamos cuestionando cómo diantres soportan vivir así, cualquiera piensa que no resistiría vivir de esa manera, desechando recapacitar acerca de la capacidad de adaptación que tiene el ser humano. No, quizás no sean felices pero su vida es soportable, que es lo que realmente queremos preguntar y a lo que nos contestan… y esta pregunta se podría volver en nuestra contra… acaso somos felices con nuestras normas sociales y económicas y cómo podemos ser felices con ellas.

Continúa poniendo de relieve la excitación que produce lo desconocido… aunque confieso que, a mí, con los años, me gusta más lo cotidiano… esto debe de ser envejecer ¿no? el sentirte cómodo en los lugares frecuentes y declinar lo nuevo, por muy insólito y original que parezca… o quizás es que hoy escribo con ese ánimo de estar “de vuelta de todo”.

Deja para después el gran meollo de las sociedades vigiladas “a veces no hablar es igualmente peligroso” porque lo que se fiscalizan no son las palabras si no las ideas y el silencio es tan elocuente que finalmente Defred sólo puede contestar con lo esperado: sí, son muy felices.

No quisiera dejar de hacer una reflexión, para saber que no se es feliz, previamente tienes que haber conocido la felicidad; es más, me atrevería a ir más lejos y afirmar que a la infelicidad sólo se puede haber llegado tras la felicidad plena, no tras una dicha pasajera o un estado de complacencia personal… veo muchos a mi alrededor que parecen inmunizados contra la desdicha pero cuando los observo con detenimiento veo que el componente de la vacuna es la moderación en los sentimientos... Yo, como Benavente opino que “Si la pasión, si la locura no pasaran alguna vez por las almas… ¿Qué valdría la vida?”

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